La experta asegura que vivimos rodeados de muchas personas que, sin alcanzar ni de lejos estas cotas de violencia extrema, sí comparten muchos rasgos con los psicópatas de nuestro imaginario colectivo
Cuando escuchamos el concepto “psicópata”, lo primero que nos viene a la mente es la imagen de un asesino o un violador en serie, generalmente pasado por el filtro de las películas de Hollywood. Hannibal Lecter, el Javier Bardem de No es país para viejos, el Kevin Spacey de Seven… Sin embargo, sostiene la psicóloga social y de la personalidad Leanne ten Brinke (Antigonish, Nueva Escocia, Canadá, 40 años), vivimos rodeados de otras muchas personas que, sin alcanzar ni de lejos estas cotas de violencia extrema, sí que comparten con esos psicópatas que reinan en nuestro imaginario colectivo muchos rasgos de personalidad. Y esas personas pueden ser nuestro padre, nuestra pareja, nuestro amigo, nuestro jefe o quien dirige los designios de nuestro país. “Cada vez más, los psicólogos entienden la psicopatía y otros trastornos de la personalidad no como estados raros que no tienen nada que ver con una personalidad normal, sino como condiciones que revelan niveles extremos de rasgos de personalidad que, por lo demás, son normales”, explica a EL PAÍS por videollamada.
En su libro Personas venenosas (Grijalbo, 2026), la profesora y directora del Truth and Trust Lab de la Universidad de la Columbia Británica (Canadá) indaga en estas personalidades oscuras, a las que ha dedicado más de un cuarto de siglo de investigación, y en las que la psicopatía apenas representa una cuarta parte de la conocida como “la tétrada oscura”: a ella hay que sumar el narcisismo, manifestado en una autoestima exagerada, el maquiavelismo o la tendencia a manipular y explotar a los demás, y el sadismo o el disfrute del dolor ajeno.
Pregunta. Cita en el libro un estudio según el cual los rasgos de psicopatía son mucho más habituales en puestos de alta dirección. ¿Estamos liderados por psicópatas?
Respuesta. El estudio, concretamente, encontró que entre el 3% y 4% de las personas que tienen cargos directivos o son CEOs en organizaciones responden a unos niveles de establecimiento casi clínico de la psicopatía. En la población general, ese porcentaje es del 1%. Es decir, que hay tres veces más personalidades cercanas a la psicopatía en los altos cargos que en la población general, así que sí, creo que tienes razón en tu pregunta.
P. ¿Por qué tienen más probabilidades estas personas de llegar a altos puestos directivos e, incluso, a dirigir el destino de muchos países?
R. A veces tendemos a hacer equivaler los comportamientos de estas personalidades. Su frialdad, su imprudencia, su falta de aceptación de las normas y convenciones sociales, el trato que dan a los que consideran sus rivales… La idea que tenemos de un liderazgo fuerte. Cada vez más investigaciones demuestran que cuando sentimos miedo o incertidumbre, cuando hay mucha desigualdad económica o actividad militar en nuestro entorno —características todas ellas que describen nuestro mundo de hoy en día—, tendemos a gravitar hacia líderes dominantes. Es decir, nos decimos que necesitamos a un líder fuerte que nos proteja. Y las personas con estos rasgos de personalidad oscura parecen muy fuertes, porque adoptan un enfoque dominante, de sometimiento de los demás y no de desarrollo de relaciones de colaboración, así que encajan en el molde de lo que buscamos cuando sentimos miedo. Es por esto que, en épocas de caos como la actual, observamos un aumento de ese tipo de personalidades que llegan al poder.
P. Estas personalidades, dice en el libro, además siempre se muestran como muy competentes. Vienen a arreglar todos nuestros problemas. Sin embargo, usted realizó una investigación en una empresa de finanzas y comprobó que los gestores que mostraban más rasgos psicopáticos obtenían peores resultados.
R. Mi hipótesis era que, en contextos altamente competitivos, como las finanzas o la política, este tipo de rasgos podrían tener más éxito. Con esta investigación me di cuenta de que era exactamente lo contrario. Tras estudiar a cientos de gestores financieros a lo largo de 10 años, vimos cómo las personas que tenían más rasgos de psicopatía lograban hacer menos dinero que sus pares, no más. Otra cosa que nos sorprendió del estudio es que las personas con altos niveles de narcisismo lograron generar la misma cantidad de dinero que las personas menos narcisistas, pero la volatilidad de sus inversiones era mucho más alta. Esto puede deberse a que toman decisiones más impulsivas o a que tienen tanta seguridad en sí mismos que se mantienen fieles a una inversión aunque esta no sea una apuesta segura.
P. En un mundo marcado por las guerras, los disturbios civiles, el calentamiento global, etc., podría parecer que la naturaleza humana se ha degradado completamente”, escribe. Sin embargo, la evidencia científica demuestra que son solo unas pocas personas las que están hundiendo al resto. ¿Se puede luchar contra ese dominio de las personas venenosas?
R. Claro que podemos. La prueba es que en ocasiones somos nosotros mismos quienes ponemos a esas personas en puestos de poder, nosotros somos quienes votamos por ellas. Pero es que, incluso, en un contexto laboral, en el que tú no eliges a tu jefe, puedes hacer cosas para mejorar tu situación, para hacer menos doloroso tu día a día. Por ejemplo, las personas con altos niveles de estos rasgos oscuros son muy convincentes en persona, por lo general logran siempre lo que quieren. En ese caso, una buena estrategia es negociar por escrito, a través del email, porque eso te da tiempo a pensar tus respuestas y a mantener un registro de lo dicho, disminuye el poder de su carisma y te facilita llegar a algún tipo de acuerdo.
P. Muchas veces, como acaba de ejemplificar, esas personas venenosas están en nuestras familias y nuestros trabajos. ¿Subestimamos su impacto en nuestras vidas? Se lo digo porque un estudio reciente concluía que relacionarse con personas tóxicas acelera el envejecimiento.
R. Sí, yo también vi ese estudio y me pareció una investigación absolutamente fascinante, muy coherente con todo el trabajo que hacemos en el Truth and Trust Lab. De hecho, muchas veces vemos que las personas que trabajan para un jefe con rasgos psicopáticos pueden presentar, incluso, problemas estomacales, úlceras, dolores de cabeza… El problema es que es muy difícil para nosotros cuantificar lo que sufrimos, valorar cuán cansados nos sentimos, los problemas físicos y mentales que desarrollamos… Al ser difícil cuantificarlo en cifras, en millones de dólares, puede que sí, que estemos subestimando el impacto que estas personas tienen en nuestra vida.
P. ¿Se puede detectar a una personalidad oscura antes de que envenene nuestra vida?
R. Yo creo que precisamente por ahí, por reconocer estos rasgos lo más rápido posible, empieza de alguna forma nuestra protección. Desde luego, hay algunas red flags que podemos detectar con facilidad desde las primeras interacciones. Por ejemplo, esas personas que nos interrumpen todo el rato, pero a las que no les gusta que les interrumpamos; esas personas que hablan de sí mismas todo el tiempo, que siempre encuadran las conversaciones para aparentar que son las más inteligentes o las que tienen mayor potencial de liderazgo de la sala. También algunas reacciones inapropiadas o disrupciones emocionales como, por ejemplo, reírse cuando alguien indica que está pasando por un momento de dolor, mostrarse muy tranquilo en una situación en la que cualquier otra persona estaría sintiendo miedo o expresar algo de forma hostil mientras se sonríe. Identificar esas red flags y ver si se repiten en futuras interacciones puede ayudarnos a identificar a estas personas.
P. A veces, como decíamos, esa persona venenosa es tu jefe. O tu madre. O tu hermano. Y no puedes escapar. ¿Cómo aprender a convivir con ellos sin que acaben envenenándonos?
Fuente: EL PAÍS

