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¿Cuándo evolucionó la voz?

Se ha hablado mucho sobre el lenguaje, pero la vocalización tuvo que llegar antes y ahora sabemos cuándo evolucionó

¿Qué sonido hace una tortuga? Posiblemente pienses que la respuesta es “ninguno” o, tal vez, hayas visto los vídeos virales en que dos tortugas copulan mientras gimen, pero la respuesta es más compleja que todo eso. La vocalización de las tortugas, ignorada durante mucho tiempo, podría ser más compleja de lo que pensamos y, lo que es más importante, quizá sea la clave para comprender cuándo empezaron a vocalizar nuestros ancestros más remotos. En realidad, no estamos hablando solo del sonido de las tortugas, sino del de todos esos vertebrados con fosas nasales que hasta ahora creíamos mudos: tuátaras, cecilias, peces pulmonados, etc.

Un nuevo estudio ha decidido tomar 53 registros de estos animales y ha descubierto que, efectivamente, vocalizan y que, por lo tanto, se comunican en cierto modo. Esto podría parecer simplemente una curiosidad, pero, en realidad, puede combinarse con los registros sonoros que ya teníamos de otros animales y así remontarnos millones de años para descubrir en qué momento, sus antepasados desarrollaron esa extraña habilidad de la vocalización. La respuesta es que apareció hace 407 millones de años, pero hay detalles que debemos tener en cuenta para comprender realmente qué significa este hito.

Sigue siempre a tu nariz

Si hemos estado atentos, nos habrá extrañado que el estudio se circunscriba a los animales con fosas nasales. Solemos estar acostumbrados a otro tipo de clasificaciones aparentemente menos caprichosas, como las que distinguen entre mamíferos y aves, o bípedos y cuadrúpedos. Sin embargo, por raro que suene el requisito de tener fosas nasales, es igual de relevante. El motivo es que, en un momento del pasado, nuestros antepasados desarrollaron dos aperturas que comunicaban sus vías aéreas con el exterior, aunque la boca estuviera cerrada. Estas aperturas, siendo precisos, se llaman “coanas” y, lógicamente, afectan a cómo respiramos y, por lo tanto, a nuestra deglución y a cómo vocalizamos.

Porque, evidentemente, los animales con coanas no somos los únicos que volcalizamos, pero sí lo hacemos de una manera diferente. Por ejemplo, de entre los peces, en este estudio se ha estudiado a los pulmonados, con coanas para respirar aire y, aunque no son los únicos peces que producen sonidos, el mecanismo mediante el que lo hacen es diferente. Si lo que buscamos es reconstruir el árbol genealógico de nuestra capacidad de vocalización, hemos de restringirnos a los animales con fosas nasales.

El ancestro común

Así que… ¿Cómo era ese ancestro común a los animales con coanas? El primer vocalizador (de nuestra estirpe), puedo haber sido un sarcopterigio, una clase de peces con aletas gruesas y carnosas a partir de los cuales suponemos que evolucionaron los primeros anfibios. De hecho, los peces pulmonados o dipnoos son una subclase de los sarcopterigios, igual que los celacantos. No sabemos cómo eran estos sonidos, ni siquiera la especie que los desarrolló por primera vez, pero sí podemos intuir cuál era su función principal. Aunque parezca bastante evidente, la respuesta es: la comunicación.

No somos el único animal que se comunica, ni siquiera el único con lenguaje. Y es que el concepto “comunicación” es tan amplio que engloba desde el uso de feromonas hasta las coreografías que exhiben algunas especies de cangrejos. Todos esos comportamientos tratan de enviar un mensaje a otro ser vivo, ya una posible pareja reproductiva o una amenaza. Es evidente que estos peces sarcopterigios no habrían usado esos sonidos para cantar las gestas de sus congéneres, pero podrían tener que ver, como decíamos, con la atracción de una pareja o para alertar a otros miembros de su especie ante un posible peligro y, a partir de ahí, la evolución pudo dar rienda suelta a la “imaginación”. Sabemos que algunas especies de tortugas, por ejemplo, utilizan estos sonidos para coordinar el momento en que eclosionan sus huevos. Otros animales imitan a sus presas o a sus depredadores en un intento de, o bien atraer alimento, o bien ahuyentar a potenciales agresores.

Posiblemente no lleguemos a saber cuál fue la primera especie capaz de vocalizar mediante los mecanismos que evolucionaron hasta dar lugar a los nuestros, pero cada vez nos acercamos más y descubrimos detalles desconocidos de nuestro pasado.

Fuente: LA RAZON ESPAÑA

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