La ‘machosfera’ asegura que pasar por agua acaba con las feromonas, esas sustancias químicas que, se supone, conquistan al sexo opuesto. Los expertos no terminan de estar de acuerdo
Presentarse en una cita limpio y aseado era lo mínimo que se podía exigir, casi un lugar común entre frases de madres. “¡Vete limpio!“. Ya no. La idea es que la higiene tapa la secreción de feromonas y por tanto reduce la capacidad de atracción al sexo opuesto. “He dejado de lavarme el pelo por completo y ahora, sin ironía, recibo más cumplidos sobre cómo huelo. Maximizar las feromonas es la clave”, asegura un usuario en TikTok ante 13.000 usuarios que han aprobado con un me gusta. La práctica se llama pheromonemaxxing y es el enésimo fleco del looksmaxxing: un rosario de métodos extremos para conseguir atractivo físico. Uno de los más exagerados es el bonesmashing, o sea, romper huesos, que consiste en martillearse la cara con la convicción de que eso afilará los rasgos. Esta y otras técnicas, como drogarse para no comer, son cortesía del ultrapopular Clavicular.
Pero ¿qué son las feromonas? Según la Enciclopedia Británica, “cualquier sustancia química endógena secretada en pequeñas cantidades por un organismo para provocar una reacción específica en otro organismo de la misma especie”. El problema es que su existencia en el género humano no está probada, duda que no impide que muchos se hayan apuntado a la corriente de potenciar el olor corporal. “No es que apeste, es que estoy maximizando mis feromonas. Puede que no me bañe, pero tengo feromonas naturales. Así que no importa lo que pienses”, dice con orgullo otro tiktoker (con casi 17.000 likes).
Varios expertos aclararon a EL PAÍS, en un artículo publicado en 2025 sobre la moda de los perfumes de feromonas, que no hay evidencia científica sólida de que las feromonas humanas existan o influyan en la atracción sexual. Tampoco de que ducharse elimine dichas feromonas que, según algunas teorías, provocan la atracción sexual. “El concepto de feromonas está muy bien establecido en muchas especies animales, pero en humanos no se ha demostrado de forma convincente que exista una feromona sexual que funcione de manera equivalente. Se han estudiado diferentes sustancias presentes en el sudor y otros fluidos corporales, pero no hay evidencia suficiente para afirmar que dejar de ducharse aumente nuestra capacidad de atraer sexualmente a otras personas”, explica a ICON la doctora Cristina de Hoyos, dermatóloga, tricóloga y directora del área médica de Clínica Ceta.
Lo natural y lo higiénico
Sandra Paré y Carmen Rodés, de Jander, empresa dedicada al sector del cuidado personal masculino, consideran que hay una confusión entre olor natural e higiene. “Una cosa es no querer oler a perfume todo el día y otra muy distinta pensar que ducharse menos te hace más masculino o atractivo. El olor corporal forma parte de cada persona, pero cuando se acumulan sudor y bacterias, el resultado no tiene demasiado que ver con la virilidad. La higiene no te quita masculinidad, igual que el sudor no te la da”. La doctora De Hoyos aclara que dejar de utilizar desodorante no supone en sí ningún problema para la piel, pues tiene fundamentalmente una función cosmética: disminuir o enmascarar el olor. “El sudor recién producido es prácticamente inodoro. El olor aparece cuando determinados componentes del sudor y de las secreciones de las glándulas de la piel son metabolizados por las bacterias de nuestra microbiota cutánea, generando compuestos volátiles que sí tienen olor. Por eso, más que decir que el sudor huele, sería más correcto decir que el olor corporal es consecuencia de la interacción entre nuestras secreciones y los microorganismos que viven en nuestra piel”.
Lo que produce realmente el olor corporal, explica, es principalmente la acción de las bacterias de la piel sobre sustancias presentes en el sudor y, especialmente, en las secreciones de las glándulas apocrinas, que son abundantes en axilas e ingles. “Estas secreciones contienen precursores que las bacterias transforman en moléculas volátiles responsables del olor. También influyen factores individuales como la genética, las hormonas, la alimentación, el estrés, la temperatura, la ropa y la composición de nuestra microbiota”.
Otra cosa muy diferente es encontrar atractivo el olor corporal de una pareja, algo muy habitual dentro de una relación, o las atracciones puntuales de algunas personas por ciertos olores que funcionan con frecuencia como fetiches sexuales, como el del olor de las axilas o los pies. Por ejemplo, el armpit play (juego de axilas) engloba cualquier práctica relacionada con las axilas motivada por el placer y ha sido una práctica habitual en el sexo queer. Pero este fetiche concreto que encuentra atractivo gente concreta tiene muy poca relación con el convencimiento de que todo el mundo (y en este caso, las mujeres) caerán rendidas ante el olor, o las supuestas feromonas, de un hombre.
Oler o no oler
Durante mucho tiempo al hombre se le permitió cuidarse menos, como si dedicar atención a su cuerpo fuese poco masculino. Lo interesante es que las nuevas generaciones están cuestionando muchas de esas reglas y, de hecho, los hombres cada vez compran más perfumes y saben más sobre el asunto. “Durante mucho tiempo la perfumería masculina estuvo llena de códigos muy evidentes sobre cómo debe oler un hombre: fragancias intensas, o muy frescas, y asociadas a una idea bastante clásica de masculinidad. Hoy hay muchísimas alternativas más nicho, interesantes y menos obvias. Al final, el objetivo del cuidado personal debería ser que se note que te cuidas, no necesariamente que sepa qué producto has utilizado”, afirman Sandra Paré y Carmen Rodés.
Pero en ciertas escenas machosféricas, el péndulo se ha vuelto al otro extremo. “Hay algo casi primitivo en asociar sudor, olor corporal y masculinidad. Reivindicar tu olor natural nos parece estupendo, pero reivindicar no ducharte como símbolo de masculinidad, bastante menos. Entender tu cuerpo, tus hábitos y lo que te hace sentir bien es lo que inspira seguridad, no oler más fuerte, ni intentar no oler a nada”, dicen.
Hablando sobre pheromonemaxxing en el programa The Five, de Fox News, el copresentador Jesse Watters, que ha estado en el centro de numerosas controversias y acusaciones de misoginia y sexismo, declaró estar “en contra de la colonia”. El panelista Tyrus instó entonces a usar desodorante sin aroma. “Si los hombres se ponen demasiada colonia dan una imagen desagradable. Envían el mensaje equivocado. No quieres oler como si salieras del gimnasio, pero tampoco quieres dar la impresión de ser barato”, dijo. El límite, al final, lo pone la higiene, sugieren Paré y Rodés. “Un exceso de perfume puede llegar a resultar artificial o invasivo, pero estar limpio no elimina tu olor natural ni tu identidad”.
Fuente: EL PAÍS

