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Una campaña precisa, el arrastre de López Obrador y los errores de la oposición: las claves de la victoria de Claudia Sheinbaum

Claudia Sheinbaum se convirtió el domingo en la primera presidenta de México y también en la mandataria más votada en la historia reciente del país, con 35,9 millones de votos. La candidata de Morena recibió el 59,7% de los apoyos, según los cómputos distritales que muestran el resultado final de la elección. Eso es 32 puntos por encima de la siguiente aspirante: Xóchitl Gálvez, de la coalición opositora formada por PRI, PAN y PRD, que se quedó con el 27,4%. El arrastre de voto del presidente Andrés Manuel López Obrador, el perfil académico y dialogante de Sheinbaum así como su efectiva campaña en contraste con una oposición debilitada son señalados por los analistas como los factores claves de este triunfo abrumador. Los resultados presidenciales van acompañados, además, por la victoria de Morena en siete de las nueve gubernaturas que estaban en juego, con la mayoría calificada en la Cámara de Diputados, y a dos escaños de conseguirla también en el Senado.

La candidata de Morena ganó entre los hombres y las mujeres, con un 62% y un 56%. Recibió un apoyo rotundo de todas las generaciones: superó el 50% en todos los grupos de edad. También venció en todas las categorías socioeconómicas, la mayoría de la población de menos de 10.000 pesos y también la de más de 50.000 pesos eligió a Sheinbaum. Aguascalientes fue el único Estado en el que ganó Xóchitl Gálvez, igual que los patrones o empleadores fueron la única categoría profesional en la que salió victoriosa la coalición del PRI y PAN. Ante esta victoria aplastante, EL PAÍS reúne a tres expertos para analizar las claves que lo hicieron posible.

El arrastre de López Obrador

Morena presentó estos comicios como una elección sobre la continuidad del proyecto de Andrés Manuel López Obrador, quien incluso los definió como un referéndum a su Administración. La formación guinda lo puso como lema de campaña: Claudia Sheinbaum era el segundo piso de la transformación. El partido, que fue fundado por el actual presidente en 2014, apostó todo a la aprobación de la ciudadanía sobre lo que ya se había hecho en este sexenio. Y funcionó.

“El voto a Claudia es un voto de aprobación a la 4T”, señala la lingüista y analista Violeta Vázquez-Rojas, que argumenta que Sheinbaum hizo suya la consigna del presidente de votar todo Morena para conseguir el llamado Plan C, lograr la mayoría en el Congreso para poder pasar las iniciativas que se le quedaron pendientes a López Obrador, especialmente la gran reforma judicial. Para esto ha sido imprescindible la figura del presidente. “Durante los últimos seis años, hemos estado en una intensa campaña presidencial a favor de su movimiento con una promoción permanente y un ataque incesante a sus opositores que ha desgastado a la oposición, porque sin que el presidente controle los medios, controla discusión pública. No es que los medios hablen bien del presidente, es que todo gira en torno a los temas él plantea como centrales”, apunta Khemvirg Puente, politólogo de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM).

Además de su propia popularidad, los analistas identifican el impacto de los programas sociales de este sexenio. “El Gobierno ha tenido debilidades en el combate al crimen organizado o en su política de salud, pero lo que sí ha logrado hacer bien es una política social que le otorga beneficios directos a la población más vulnerable en transferencias directas, que obviamente brindan el apoyo político hacia el partido del que las recibe”, apunta Puente.

Un perfil académico

La figura del presidente genera tanto amor como animadversión. Algo que no sucede con Claudia Sheinbaum, con un perfil más técnico y dialogante, y que los expertos identifican como clave para que la candidata de Morena haya conseguido incluso más votos que su mentor. “López Obrador siempre generó miedo en algunos sectores políticos y económicos”, señala María Eugenia Valdés, investigadora en procesos políticos, “es una cuestión más de formas que de fondo. Lo que va a ser distinto con Claudia Sheinbaum”. En el mismo sentido apunta Violeta Vázquez-Rojas sobre su efectiva campaña: “Claudia hizo una operación muy fina de tratar de conciliar con esos sectores que se sentían agraviados por el presidente. Ella logró convocarlos, dialogar con ellos, mostrar una apertura. A mucha gente que se había decepcionado le dio confianza y votó por ella”. La analista identifica especialmente en este rubro al voto de los académicos y la clase media: “Hay personas a las que no les gusta el estilo del presidente y de Claudia es menos confrontativo. En ella encontraron una cierta reconciliación con la 4T”.

La conducta de Sheinbaum, coinciden los tres analistas, ha sido “intachable”. “Es una mujer de izquierda, que nunca ha sido priista ni panista como otras figuras de Morena, es congruente, siempre ha estado vinculada a causas sociales, fue líder estudiantil, profesora universitaria, investigadora, vinculada a organismos internacionales, es una mujer de izquierda y moderna, eso ha beneficiado a su campaña”, considera Puente. El politólogo cree que la candidata tenía otro punto a su favor: no tenía que preocuparse tanto del trabajo territorial porque eso es lo que ya hacía el partido.

Las analistas mencionan también el valor del voto que pudo recibir Sheinbaum para ser la primera presidenta de México. “El triunfo de Claudia no puede entenderse sin la lucha de las mujeres. Las mujeres han sido el movimiento social más importante de este sexenio, con un presidente que fue lento en su respuesta”, apunta Valdés, que señala como cierta la consigna de la candidata. “No llega ella sola, llegamos todas. Además, su victoria tampoco se puede explicar sin entender la historia reciente de México, del 68 para acá. Ella es producto de esa lucha social, detrás de ella hay un movimiento muy grande y heterogéneo, y décadas de lucha de la izquierda en México”.

Una oposición sin rumbo

“Se tuvo al mejor adversario posible”, resume la analista política Violeta Vázquez-Rojas, “un Frankenstein partidista de tres corrientes opuestas”. La coalición formada por antiguos rivales políticos, el PAN y el PRI, junto a la izquierda tradicional del PRD, no ha convencido a los electores. Los partidos han sacado juntos en esta elección menos votos de los que obtuvieron en 2018 por separado. El PRI ha perdido casi dos millones de apoyos; el PRD, a punto de desaparecer, 481.000, y el PAN, 352.000, según los resultdos finales. “Los partidos de oposición, sin tener muchas coincidencias ideológicas, se han visto orillados a unirse en una coalición que sus electores no identifican como congruente: el votante panista no quiere votar el PRI y el priista no quiere votar al PAN”, apunta Khemvirg Puente, politólogo de la UNAM.

Los analistas también identifican que el perfil de Gálvez como candidata no funcionó como rostro de la oposición. “Si bien es una persona carismática, nunca logró construir una personalidad propia, ajena, que pudiera hacernos olvidar de las dirigencias de sus partidos y sus líderes para ser una verdadera alternativa”, apunta Puente. Violeta Vázquez-Rojas añade la falta de propuestas: “Nunca presentó un proyecto de nación. Propuso una beca universal para mujeres o una superprisión, ideas descabelladas que echaba para atrás al día siguiente. Fue una pésima candidata”.

Por otro lado, la oposición eligió como batallas principales las relacionadas con la Suprema Corte de Justicia de la Nación (SCJN), los organismos autónomos como el Instituto Nacional de Transparencia (INAI) o el Instituto Nacional Electoral (INE). La coalición se centró en la “defensa” de los órganos que habían sido diana de los dardos del presidente López Obrador. “Ese tipo de ataques ha tenido un papel marginal en la elección”, considera Puente, “al votante no le representa casi nada la existencia de este tipo de instituciones porque las sienten muy lejanas a su vida cotidiana o incluso de algunos no sabe de su existencia. La oposición tardó mucho tiempo en darse cuenta para la población no le es tan relevante la democracia como su bienestar personal, y eso lo asocian más a los ingresos económicos o a las políticas sociales, que a derechos que le parecen abstractos”.

Fuente: EL PAÍS

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