Un estudio analiza cómo desarrollan el sesgo de preferencia consonante, imitando a los humanos. No son los únicos: las ratas y ChatGPT nos copian ciertas formas de procesamiento del lenguaje
Todo se pega, hasta la forma de escuchar y entender. Para los humanos, las consonantes suelen aportar más información que las vocales. Es algo que se repite en muchos idiomas: cuando se desnuda una frase hasta llegar a sus huesos, estos son más reconocibles si tienen una predominancia de consonantes. Por eso el español tiene 23 consonantes y cinco vocales, una proporción que se mantiene en casi todos los idiomas. Por eso, cuando la gente quiere ahorrar caracteres en un mensaje, se come las vocales. Porque “mchs bss” se entiende mucho mejor que “uo eo”. Nuestro cerebro rellena mejor los huecos.
Hasta ahora se pensaba que este era un rasgo humano. Pero un estudio, que publica este jueves la revista Science, ha demostrado que los perros han desarrollado el mismo sesgo de preferencia consonántica. “Constituyen un modelo muy útil para investigar estas cuestiones porque, a diferencia de los animales de laboratorio, escuchan el habla humana a diario”, explica Attila Andics, autor principal y neuroetólogo en la Universidad de Loránd, en Hungría.
En el estudio, compararon directamente las respuestas electroencefalográficas en los cerebros de 20 adultos y 20 perros de compañía mientras escuchaban secuencias continuas de palabras sin sentido de tres sílabas. Las palabras seguían patrones basados en consonantes o vocales, mientras que un tercer conjunto no presentaba patrones consistentes. “Encontramos sorprendentes similitudes en la forma en que ambas especies procesaban estas secuencias de habla”, explica Dorottya Rácz, coautora del estudio. “Al igual que los humanos, los cerebros de los perros segmentaban mejor el flujo continuo del habla en palabras cuando el patrón recurrente, es decir, el esqueleto de la palabra, estaba formado por consonantes”.

Esto sugiere que la simple exposición regular al habla puede remodelar el funcionamiento del cerebro y que ciertos sesgos de procesamiento del lenguaje, que hasta ahora solo se habían observado en humanos, pueden desarrollarse sin necesidad de capacidades lingüísticas complejas. “Y ahí es donde este estudio es interesante”, apunta Juan Manuel Toro, profesor en el Center for Brain and Cognition de la Universitat Pompeu Fabra. “Porque muestra que este sesgo no es únicamente humano. Los perros domésticos están expuestos al lenguaje humano desde que nacen y este estudio demuestra que esa experiencia es suficiente para que ellos también se “centren” en las consonantes para identificar palabras”.
Se da la casualidad de que Toro presentó el año pasado un estudio en el que señalaba que ChatGPT había acabado desarrollando también un sesgo de preferencia consonántica. Su estudio, de hecho, es citado como referencia en el que lidera Andics.
“Estos modelos son entrenados con cantidades enormes de texto y aprenden a detectar regularidades en ellas”, explica Toro. De esta forma terminan detectando que las consonantes dan más información que las vocales para identificar palabras. Los expertos pidieron a ChatGPT que determinara cuál de dos pseudopalabras —una con una modificación vocálica y otra con una consonántica— se asemejaba más a una palabra objetivo. Y observaron que el modelo se basa más en las consonantes que en las vocales al evaluar la similitud entre palabras, tanto en español como en inglés. “Los resultados con los perros y con modelos de lenguaje de inteligencia artificial apuntan a que la experiencia con el lenguaje permite que aparezca este sesgo que tenemos con las consonantes”.
La preferencia consonántica se empezó a estudiar hace 20 años en bebés. Era la estrategia que utilizaban para empezar a reconocer palabras, una estrategia que mantenemos de adultos. Otros estudios señalaron la prosodia (el ritmo del habla) como otra herramienta especialmente útil en niños para empezar a entender a sus mayores. Toro también la estudió. En ratas. “Nosotros lo que demostramos es que las ratas presentaban el mismo patrón de respuestas. Esto sugería que el mecanismo que usan los bebés para procesar la prosodia del lenguaje viene de mecanismos que compartimos con otros animales y que evolucionó hace muchos años”.
El lenguaje humano es un sistema de comunicación extremadamente complejo. Y es, en cierta forma, un misterio. Antes del primer año de edad, los bebés comienzan a desarrollar un sistema que les permitirá expresar un número infinito de ideas basándose en la combinación de un pequeño número de sonidos. Es como adquirir las piezas de un puzle con infinitas combinaciones, uno con el que se pueden construir mundos y explicar sentimientos. Con el que podemos explicarnos al mundo y entenderlo quizá un poco mejor. Uno de los mayores problemas en el estudio del lenguaje es la comprensión de sus fundamentos biológicos. No se sabe si es una habilidad únicamente humana, si estamos programados para ella o si es algo cultural y aprendido. En la actualidad, los estudios realizados con animales están ayudando a comprender cómo los humanos adquirimos y procesamos el lenguaje.
Fuente: EL PAÍS

