Las fotografías se tomaron el 25 de junio, con motivo de la semana del Día del Padre, explican en su entorno
Ocho meses después de ser detenido por las tropas de Estados Unidos, el presidente depuesto de Venezuela, Nicolás Maduro, ha difundido unas imágenes en las que se le ve sonriente, vestido con chándal y haciendo el signo de la victoria con las manos. En una aparece con las gafas puestas y en otra con estas en la mano. Estas son las primeras imágenes que se conocen de él desde dentro del Centro de Detención Metropolitano de Brooklyn, en el que lleva encerrado desde enero con su esposa, Cilia Flores, tras su detención en el marco de la Operación Resolución Absoluta. “Quiero que sepan que estamos firmes”, ha escrito Maduro en el mensaje, dirigido a su familia, que acompaña a las fotografías.
Las imágenes se hacen públicas dos días después de que el Gobierno que ahora encabeza la que fue su vicepresidenta, Delcy Rodríguez, anunciara un acuerdo con la Administración de Donald Trump por el que Venezuela cede a Estados Unidos 65.000 millones de barriles de petróleo, en torno al 22% de las reservas totales del país.
Pequeño regalo de amor y esperanza
Envío estas fotos como un pequeño regalo a todos mis nietos y nietas, a los niños y niñas, y a toda la gente noble que nos ama. pic.twitter.com/Z6u3130arn
— Nicolás Maduro (@NicolasMaduro) August 30, 2026
“Envío estas fotos como un pequeño regalo a todos mis nietos y nietas, a los niños y niñas, y a toda la gente noble que nos ama”, ha escrito Maduro en su cuenta de X, “Quiero que sepan que estamos firmes, con el corazón lleno del amor de ustedes, ese amor que nos llega convertido en oración, en acción permanente, en solidaridad y en apoyo verdadero. Gracias infinitas por cada palabra, por cada gesto, por cada bendición”.
En el entorno de Maduro explican que las fotografías se tomaron el 25 de junio, con motivo de la semana del Día del Padre. “Él las vio el 13 de julio y nos llegaron esta semana por correo postal”, aseguran estas fuentes.
En su primera audiencia en enero, Maduro se declaró inocente de los cuatro delitos relacionados con el narcoterrorismo de los que ha sido acusado en Estados Unidos. “Soy inocente. No soy culpable. Soy un hombre decente. Sigo siendo presidente de mi país”, aseguró a través de un intérprete. Flores también se declaró inocente.
Maduro se presentó entonces ante el juez federal de distrito Alvin Hellerstein como una víctima: “Me capturaron en mi casa en Caracas […] Soy presidente de Venezuela y estoy aquí secuestrado”, manifestó. Su abogado definió la operación para capturar a Maduro en Caracas como “un secuestro militar”. Al abandonar la sala, el líder chavista proclamó: “Soy un prisionero de guerra”.
El juicio, en junio de 2027
El juicio contra Maduro y Flores comenzará en junio del próximo año, según dictaminó el pasado julio el magistrado Alvin Hellerstein, que atendió a las peticiones de abogados y fiscales, que se habían puesto de acuerdo para reclamar el mismo calendario. Pero antes de que comience formalmente el proceso, el expresidente tiene apuntada otra fecha importante en su calendario: el próximo 17 de noviembre se celebrará una audiencia para evaluar si, como esgrime la defensa, el hombre que lo fue todo en el régimen chavista goza de inmunidad en calidad de jefe de Estado, lo que impugnaría todo el proceso.
Poco ha trascendido de la vida de Maduro en la cárcel. Los primeros detalles los dio el rapero Tekashi 6ix9ine en Semana Santa, cuando coincidieron unos días en la misma celda. Lo primero que hizo el músico al salir de la prisión fue mostrar un muñeco artesanal de Bob Esponja firmado por Maduro.
Después, su hijo, Nicolás Maduro Guerra, contó a EL PAÍS parte de la rutina de su padre, que pasó de estar aislado en una celda a compartir litera con varios presos con los que ve la televisión. Los primeros meses en la cárcel, contó su hijo, fueron en una celda de aislamiento, sobre una cama estrecha. Le daban café, la comida le parecía demasiado picante y tenía un escritorio para escribir y leer la Biblia “de forma obsesiva”. Maduro profesaba devoción por el líder espiritual indio Sathya Sai Baba, pero desde que está preso, sus mensajes contienen constantes referencias bíblicas.
Maduro llama todos los días a Caracas, cuenta con 510 minutos al mes para sus conversaciones con el exterior en conversaciones que no pueden sobrepasar los 16 minutos. Mientras tanto, la ciudad desde la que gobernó va perdiendo los carteles que le reclamaban de vuelta.
Fuente: El País

