En el marco del Congreso de Medicina Interna, especialistas del Hospital de Clínicas de la UBA advierten sobre el impacto de la transición demográfica y proponen un abordaje integral para garantizar una mejor calidad de vida a los adultos mayores
El Congreso de Medicina Interna comenzó en Buenos Aires con un eje que el Hospital de Clínicas de la UBA colocó en el centro de la agenda: cómo responder desde el sistema de salud y las políticas de cuidado a una población que vive más años y enfrenta mayores niveles de soledad, fragilidad y dependencia.
Entre el 12 y el 14 de agosto, el encuentro reúne a 150 expertos para debatir las últimas actualizaciones de la especialidad y, en particular, el impacto sanitario y social del envejecimiento poblacional, según explicaron a Infobae las coordinadoras del evento.
La elección de esta temática responde a una transformación demográfica urgente que ya impacta en la práctica cotidiana. Carolina Nadal, jefa del Departamento de Trabajo Social del Hospital de Clínicas y coordinadora del congreso, señaló que la caída en la natalidad y el aumento en la expectativa de vida obligan a definir qué respuestas darán las instituciones a personas mayores con trayectorias de vida más largas, tanto en momentos de autonomía como de vulnerabilidad.
Para Nadal, una de las señales más visibles de esa transformación es la expansión de hogares unipersonales y de parejas de adultos mayores que viven solas, con redes de cuidado escasas y frágiles. Añadió que ese sostén suele recaer en mujeres con pluriempleo y tareas de cuidado no remuneradas, una carga que no termina con la internación hospitalaria y se vuelve decisiva al momento de planificar el egreso de un paciente.

El congreso pondrá el foco en la soledad, la fragilidad y las redes de cuidado
Nadal describió un escenario en el que la estrategia de salida del hospital depende muchas veces de una red mínima o inexistente. “Hay poca política pública, entonces es muy artesanal”, dijo.
La especialista también vinculó esa realidad con una discusión más amplia sobre el lugar de las vejeces en la sociedad argentina. Afirmó que el problema no se resuelve de manera individual y pidió una respuesta social y colectiva que revise la idea de que una persona mayor deja de ser valiosa cuando ya no es productiva.
En tanto, la geriatra Cristina Myburg (MN 94.554), especialista del Hospital de Clínicas de la UBA y coordinadora del eje Envejecimiento en el congreso, planteó que envejecer saludablemente exige abandonar una mirada centrada en una o dos enfermedades aisladas. Sostuvo que la consulta médica debe incorporar fragilidad, soledad, fuerza muscular, caídas, polifarmacia y contención social y familiar como parte de un mismo cuadro.
Myburg resumió la diferencia con un contraste concreto: no envejece del mismo modo quien trabaja la masa muscular, cuida la alimentación y sostiene vínculos sociales e intereses intelectuales que quien permanece solo, inmóvil y con sarcopenia. Ese abordaje integral, explicó, es el que puede hacer que los años ganados de sobrevida transcurran en mejores condiciones.
La prevención incluye hábitos, atención médica y condiciones sociales
La médica sostuvo que hablar de prevención en salud es hablar “de todo”. Mencionó como factores la buena atención médica para controlar enfermedades prevalentes, el nivel socioeconómico, la educación, la nutrición, la actividad física regular, el descanso y el abandono del tabaco y el alcohol.
También subrayó la necesidad de intervención y educación tempranas para explicar por qué sostener la masa muscular reduce caídas y fracturas de cadera, y por qué la vida social no es un complemento sino parte de la salud. En ese punto, vinculó el envejecimiento saludable con una dieta de tipo mediterráneo, actividad física semanal, controles clínicos y el seguimiento de un médico de cabecera capaz de ordenar los tratamientos de hipertensión, diabetes o colesterol.

La soledad apareció como una preocupación central en el diálogo. Nadal citó experiencias que observan en Japón, donde se ensayan estrategias intergeneracionales entre jóvenes sin abuelos y personas mayores que viven solas, y sostuvo que ese tipo de políticas puede construir salud y mejorar la calidad de vida en ambos extremos del vínculo.
“La sociedad argentina tiene que revisar qué piensa sobre las vejeces. Las personas mayores no son descartables ni improductivas; son una parte fundamental de nuestra comunidad. Es desde esa revalorización del adulto mayor que se deben construir las estrategias de salud. Existe una tendencia a considerar que, una vez que alguien se jubila y deja de generar ganancia económica, se vuelve inservible. Es imprescindible poner en tensión ese prejuicio y revisar culturalmente qué lugar le damos a la vejez en nuestra sociedad”, agregó la trabajadora social.
—En diálogo con la Sociedad de Gerontología de Rosario, un médico señalaba cómo se pierden espacios tradicionales de encuentro, como las canchas de bochas en los clubes de barrio. ¿Cómo se puede articular una red con clubes, sociedades de fomento e instituciones para aprovechar esos espacios comunitarios a nivel país?
—La clave es pensarlo justamente en clave interseccional. La respuesta tiene que ser colectiva: necesitamos que el Estado, los clubes barriales y las organizaciones sociales trabajemos en conjunto para sostener la vida y acompañar a las personas mayores.
En ese marco, describió una situación que ve en la ciudad de Buenos Aires: personas con cobertura de PAMI y jubilación mínima que alternan entre pagar remedios, pagar una habitación o comer, y terminan en situación de calle.
“No es una suposición, son relatos directos de los pacientes: si cobran la jubilación mínima y son viudos, llega un punto en que no pueden cubrir todo. Un mes pagan los remedios, otro mes pagan la pieza del hotel. Y cuando eligen comprar los medicamentos y comer, quedan en la calle”, describió.
La polifarmacia y el cuidado como derecho también estarán en discusión
Myburg advirtió que la polifarmacia está naturalizada en las personas mayores y que sus riesgos suelen quedar invisibilizados. Explicó que la combinación de policonsulta y acumulación de recetas lleva a que muchos pacientes tomen cuatro, cinco o seis medicamentos, y remarcó la necesidad de un médico de referencia que evalúe cuáles siguen siendo necesarios y cuáles deben suspenderse o reemplazarse.
“Necesitamos la figura del médico de cabecera o médico central, capaz de poner orden y evaluar qué fármacos requiere realmente la persona. Por otro lado, muchos pacientes continúan tomando remedios desde la juventud que hoy ya no se utilizan. Es fundamental revisar esos esquemas para suspenderlos o reemplazarlos por fármacos más modernos con mayores beneficios. Hay que trabajar sobre este punto, porque es una de las principales causas de interacciones farmacológicas y efectos adversos”, dijo.

Ese control, indicó, no solo busca simplificar tratamientos. Apunta también a reducir efectos adversos e interacciones medicamentosas, un problema que puede agravar caídas, deterioro funcional y otros cuadros en edades avanzadas.
El congreso abordará el envejecimiento en tres módulos: cómo y por qué envejecemos, con participación de biólogos; la fragilidad y el enfoque cardiovascular, con clínicos, cardiólogos, geriatras y neurólogos; y las enfermedades neurodegenerativas junto con la idea de cerebro saludable.
En esa línea, Myburg recordó un dato de prevalencia global: 1 de cada tres personas en el mundo sufre algún tipo de afectación del sistema nervioso central.
Nadal sumó otro antecedente que, según dijo, será parte del debate sobre políticas públicas: el año pasado la Corte Interamericana de Derechos Humanos dispuso que el cuidado es un derecho humano autónomo. “Tenemos derecho a ser cuidados, a cuidar y al autocuidado”, afirmó.
Fuente: INFOBAE

