Vivencias de un camarógrafo: “La Fiesta de la Cruz”

* Celso Durán Sánchez

En cada golpe que daba cada contendiente, impactaba en el rostro, que se teñía de sangre y rictus y parecía no importarle nada, los cuerpos de los dos hombres, luchaban por derribarse; mientras sus manos sacaban verdaderos waracazos (puñetes) que impactaban en el cuerpo de los oponentes.

La parte más buscada del adversario era la cara, sus cuerpos forcejeaban con gran bravura, parecía que se convertían en uno solo, la escena era una verdadera postal de un ritual de violencia, la sangre emanaba de sus caras, sus ojos vidriosos, desajenados por la euforia violenta, rostros cortados, pómulos hinchados y narices desviadas.

Pero parecía no afectarles nada, porque estaban dopados por los efectos de la chicha y el alcohol que consumieron desde un día antes, además vivían el momento culminante de su Encuentro o Tinku…

El ring improvisado, la plaza de Macha, y los edificios circundantes eran el mudo testigo de esta tradición ancestral que se vive cada año, el 3, 4 y 5 de mayo en la Población de Macha, Municipio de San Pedro de Macha, Provincia Chayanta del Departamento de Potosí.

Yo me encontraba cubriendo la famosa “Fiesta de la Cruz”, en la población de Macha, la plaza se encontraba atestada de gente, los puestos improvisados de venta de diferentes artículos, comidas y bebidas que ofrecían en rededor de la plaza.

La iglesia refaccionada se erguía imponente en el pueblo histórico. A sus pies, la muchedumbre apiñada tomando su elixir incaico: la chicha.

En el pueblo de Macha, los guerreros organizados en grupos bajaban de su ceremonia, que habían tenido en los cerros aledaños y hacían su entrada por las cuatro esquinas de la plaza con su baile tradicional: el Tinku.

El historiador José Reynaga Padilla afirma que el Tinku es un encuentro de los ayllus grandes de Manqhasaya, (los de arriba) y los Alaxsaya (los de abajo).

Son unas 62 comunidades que el día anterior – tras una ceremonia de ch’alla con chicha y alcohol al Tata de la Santa Vera Cruz en un cerro cercano –, el pasante cargado de la cruz y sus acompañantes descienden bailando hasta la parte baja del campanario, donde piden ser más fuertes que la torre.

Bailan y en cada tonada es intercalada por el zapateo y la fiesta termina en casa de los pasantes, el alférez y el mayora bailan con un látigo para poner orden.

Según la tradición, con la llegada de los Españoles al norte de Potosí, tiene efectos de sincretismo socio cultural en los bailes como es el Tinku, y el efecto no sólo es religioso sino también de hábitos e indumentarias traídas de Europa, uno de ellos es la vestimenta del soldado español, imitando en forma burlesca, en las fiestas patronales que ellos impusieron principalmente en las dos naciones: Charcas y Q’ara Qára.

Su vestimenta original contaba con los siguientes elementos: La montera, realizado con cuero de res, especie de casco, en su interior con plancha y otros no, cada nación tiene su montera, la pechera, confeccionado de cuero duro y protege el cuerpo a manera de chaleco.

Ahora se ciñen varias chalinas, la bufanda especie de chalina de hilo o lana. La chaqueta tejida de lana de oveja bayeta de la tierra y bordados en colores vivos, la calzona, especie de pantalón, de bayeta de tierra. Las sica botas, gruesos tejidos de lana multicolor y son usados en ambas piernas hasta la rodilla. El chumpi, especie de cinturón. Los chumpi lomas, especie de vendas para envolver la mano en forma de boxeador. La chuspa, bolsa pequeña. El chulo, gorro cónico hecho para los varones de lana.

Mientras, las mujeres visten con la siguiente indumentaria: La aymilla, el axsu, el reboso, la lliglla y los sombreros de lana de oveja.

De pronto, el gas lacrimógeno me volvió a la realidad, era para detener las peleas que no podían controlar.

Yo caminaba hipnotizado ante tanta cultura, pude observar a varios periodistas del exterior, que, ante mis requerimientos periodísticos, exclamaban su admiración de esta muestra de cultura pura, decían esto no ve así no más, nosotros somos hombres privilegiados de estar en el lugar mismo de esta vivencia.

Las peleas continuaban una tras otra, mientras las mujeres acompañan a sus parejas y las solteras con una bandera blanca bailan detrás de cada grupo. Y así la ceremonia continua hasta el anochecer.

Todo lo que viví ese día parecía un sueño. Pero me di cuenta que esta expresión Cultural atrapaba a todo aquel que venía a observar y me sentí más orgulloso de ser Potosino y Boliviano. La Fiesta del Tinku. La Fiesta del Encuentro…

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