La última encuesta presidencial en Perú confirma el efecto decisivo de los debates presidenciales en la intención de voto: candidatos como Keiko Fujimori y Carlos Álvarez capitalizaron su desempeño, mientras el voto indeciso cayó. Los movimientos en el tablero electoral muestran que, en el Perú, los debates pueden definir el rumbo de la elección en la recta final
El papel de los debates presidenciales en el Perú ha cobrado una relevancia decisiva en las últimas elecciones. El proceso electoral de 2026 no ha sido la excepción: a menos de una semana de los comicios, la última encuesta de Ipsos para Perú21 confirma que los seis debates organizados por el Jurado Nacional de Elecciones (JNE) sí han movido sustancialmente la intención de voto, redefiniendo posiciones, disparando a outsiders y castigando estancamientos o errores en vivo. Los datos muestran que el debate televisado, en la era de la fragmentación extrema y el voto flexible, se consolida como el principal mecanismo de contraste y decisión ciudadana.
El ciclo de debates tuvo como escenario el Centro de Convenciones de Lima y reunió a 34 candidatos en sesiones intensas, segmentadas por temas (seguridad, corrupción, economía, educación, innovación, empleo y desarrollo). Cada jornada fue transmitida en cadena nacional, con audiencias masivas y cobertura en tiempo real por redes sociales. Los formatos permitieron exposición individual, cruces de preguntas, bloques ciudadanos y mensajes finales, elevando el nivel de confrontación, la presión para responder con claridad y la visibilidad de cada postura.
Las noches de debate no solo expusieron propuestas, también fueron terreno fértil para ataques directos, momentos virales y reacciones espontáneas que marcaron la agenda. Episodios como la imitación de Carlos Álvarez a César Acuña, los cruces entre Marisol Pérez Tello y Rafael López Aliaga, o el enfrentamiento entre Keiko Fujimori y Mesías Guevara, se reprodujeron miles de veces y fueron materia de discusión en hogares, mercados y plataformas digitales. Así, el debate se transformó en un episodio de alto impacto cultural y electoral.

Última encuesta presidencial de Ipsos
El comparativo de simulacros de voto de Ipsos, realizado el 6 de marzo (antes del ciclo de debates), el 22 de marzo (debate en curso) y el 2 de abril (debates concluidos), es revelador sobre el peso real de estas jornadas.
- Antes de los debates (6 de marzo):
Keiko Fujimori (Fuerza Popular): 14,2% (votos válidos)
Rafael López Aliaga (Renovación Popular): 17,2%
Carlos Álvarez (País para Todos): 8,9%
Alfonso López-Chau (Ahora Nación): 7,9%
Roberto Sánchez (Juntos por el Perú): 3,2%
Jorge Nieto (Buen Gobierno): 2,2%
Voto blanco/viciado: 30,4%
- Finalizado el ciclo de debates (2 de abril):
Keiko Fujimori: 18,6% (+4,4)
Carlos Álvarez: 12,1% (+3,2)
Rafael López Aliaga: 10,9% (-6,3)
Roberto Sánchez: 9,0% (+5,8)
Jorge Nieto: 5,6% (+3,4)
Alfonso López-Chau: 4,4% (-3,5)
Voto blanco/viciado: 17,5% (-12,9)
Los debates impulsaron a Keiko Fujimori, Carlos Álvarez, Roberto Sánchez y Jorge Nieto, mientras López Aliaga y López-Chau retrocedieron. El voto blanco/viciado, indicador clave de indecisión, cayó 13 puntos, señal de que los debates ayudaron a los peruanos a tomar posición.
Quién subió, quién bajó y por qué
Keiko Fujimori: solidez y crecimiento
La líder de Fuerza Popular fue la gran beneficiada del ciclo. Su crecimiento de más de cuatro puntos la consolida como favorita para la primera vuelta. La estrategia de mostrarse firme, presentar propuestas concretas y evitar confrontaciones estériles, sumada a su experiencia en debates previos, le permitió conectar con el electorado indeciso y presentarse como opción de estabilidad frente a la fragmentación.
Carlos Álvarez: outsider con efecto viral
El humorista y outsider Carlos Álvarez protagonizó saltos mediáticos (como la imitación de Acuña) y supo capitalizar el descontento con la política tradicional. Su estilo directo, la apelación al “voto castigo” y la empatía con sectores populares lo catapultaron al segundo lugar, desplazando a candidatos más estructurados. Su caso confirma la capacidad del debate para amplificar figuras inesperadas y transformar la intención de voto en tiempo real.
Rafael López Aliaga y Alfonso López-Chau: los grandes perdedores
López Aliaga, que partía como segundo favorito, fue perdiendo impulso debate tras debate. Los datos muestran una caída de más de seis puntos, atribuible a un desempeño errático, mensajes confusos y una estrategia poco efectiva para retener el voto conservador en regiones clave. Alfonso López-Chau, que había logrado captar adhesión en el centro y entre sectores medios, también perdió visibilidad y fuerza, bajando 3,5 puntos.
Roberto Sánchez y Jorge Nieto: el ascenso de la centroizquierda
Ambos candidatos aprovecharon el espacio del debate para diferenciarse con propuestas técnicas y tono sereno. Sánchez, en particular, creció casi seis puntos tras el ciclo, impulsado por su presencia en el sur y la sintonía con el “voto progresista”. Nieto, con un perfil más académico, también duplicó su respaldo. Los debates permitieron que sus mensajes, antes circunscritos a públicos reducidos, llegaran a una audiencia nacional.
Regionalización y cambios territoriales tras el debate
El efecto de los debates no fue homogéneo en todo el país. Los datos muestran que:
En Lima: Keiko Fujimori y Carlos Álvarez lideran con 18,2% y 18,6% respectivamente, López Aliaga cae al 15,5%. El debate televisado tiene aquí su mayor influencia: los limeños, con mayor acceso a medios y redes, cambiaron de favorito en tiempo real.
En el Norte: Keiko (20,3%) mantiene liderazgo, pero Álvarez (11,2%) y López Aliaga (8,4%) se disputan el segundo lugar. Sánchez y Nieto también suben.
En el Centro: Repunta Keiko (22,2%), pero Sánchez (11%) y Nieto (8,1%) ganan espacio, desplazando a López-Chau.
En el Sur: Sánchez se dispara a 27,8%, mostrando el efecto de los debates en darle voz a propuestas alternativas. Keiko queda relegada (5,6%). Álvarez sube a 8,6%.
La Selva: Keiko arrasa (36,9%), pero el voto fragmentado y el descenso del blanco/viciado muestran que el mensaje de los debates llegó, aunque con menos fuerza.

De la indecisión a la definición
El dato más relevante es la caída del voto blanco/viciado de 30,4% a 17,5% en menos de un mes. El debate, en su formato plural y confrontacional, obliga a los indecisos a elegir, a descartar opciones y a comprometerse. Los segmentos que más se movieron fueron los jóvenes, los sectores medios y los indecisos del interior.
El papel decisivo de los debates en el Perú no es nuevo. En 2021, el propio Pedro Castillo pasó de séptimo lugar a favorito tras su desempeño en los debates. Lo mismo ocurrió en 2016 con Verónika Mendoza y en 2011 con Ollanta Humala. La tendencia confirma que, en un sistema fragmentado y con candidatos poco conocidos, el debate es el escenario donde se juega la suerte electoral.
Un país que decide en vivo
A las puertas del 12 de abril, queda claro que los debates presidenciales han sido, una vez más, el factor decisivo para que millones de peruanos empiecen a definir su voto. La evolución de las cifras de Ipsos muestra que el “efecto debate” es real, inmediato y transforma la campaña. La pregunta central ya no es si habrá segunda vuelta, sino quién acompañaría a Keiko Fujimori en esa instancia (si logra mantener el primer lugar en los próximos días), y si el último “golpe de efecto” –viral, territorial o programático– puede aún cambiar el desenlace en los días finales.
El Perú, fragmentado, polarizado y exigente, ha encontrado en el debate presidencial el principal espejo para comparar, descartar y elegir. El impacto medido en las encuestas es solo el anticipo de la decisión que se cristalizará en las urnas de las elecciones del domingo 12 de abril
Fuente: INFOBAE

