Las causas del rechazo a la instalación de estas megaestructuras son tan simples como evidentes. El efecto en las facturas de luz, el consumo de agua y las consecuencias ambientales que afectaron en las elecciones de medio término
Los centros de datos y la carrera por la Inteligencia Artificial (IA) reconfiguraron el mapa electoral en los Estados Unidos. Así lo demuestran los resultados de la elección de medio término que se realizó ayer. Y la reacción de uno de los hombres más ricos y poderosos del mundo, Elon Musk, quien usó su propia red social X para hablar tras conocerse los resultados adversos a Donald Trump: “Los centros de datos en el espacio se ven bastante atractivos ahora”.
El mensaje es claro, en X y en las urnas de 29 jurisdicciones: hay un rechazo a la instalación de estas megaestructuras, al menos, como se han desarrollado hasta el momento. Y las causas de esta negativa son tan simples como evidentes. Cuando estas enormes granjas de servidores se construyen en territorios cercanos a las zonas residenciales, el impacto en la vida cotidiana es severo e inmediato.
Las comunidades estadounidenses experimentaron un aumento sustantivo en las tarifas de los servicios públicos, con un salto drástico, en especial, en las facturas de luz. A esto se suma un consumo brutal de agua dulce para refrigerar los equipos a altas temperaturas y consecuencias ambientales directas que las poblaciones ya no están dispuestas a tolerar, como la polución y el ruido constante.
“La desastrosa guerra con Irán puso de manifiesto los costos de un sistema dependiente de los combustibles fósiles; sin embargo, la administración [encabezada por Donald Trump] ha redoblado, de manera insensata, su apuesta tanto por la guerra como por dicha dependencia. A nivel interno, los centros de datos están aumentando las emisiones, elevando las facturas eléctricas de los hogares y compitiendo con las comunidades por el acceso al agua —a menudo en zonas donde este recurso ya es escaso—, mientras la administración cancela proyectos de energía limpia que podrían satisfacer con mayor rapidez la creciente demanda energética, al tiempo que debilita las protecciones para el aire y el agua. Esta elección ha demostrado que la cuestión climática forma parte de las preocupaciones cotidianas de los votantes, y que construir sistemas mejores, más limpios, más asequibles y más resilientes constituye, sencillamente, una buena política”, dijo en conferencia de prensa Lisa Sachs, profesora asociada en la Columbia Climate School.
Más regulación
El impacto en el resultado electoral es innegable. Incluso los candidatos de al menos tres estados, Texas, Ohio y Georgia, se quedaron con la victoria con la promesa de regular y ordenar la situación de estos gigantes tecnológicos.
Beatriz Busaniche, directora ejecutiva de la Fundación Vía Libre, que se dedica a estudiar los impactos y las regulaciones de la IA y los data centers en Argentina y la región, fue contundente: “La instalación de estas estructuras jugó un rol fundamental en el resultado electoral. Viene siendo muy importante la movilización social en los Estados Unidos contra el desarrollo de estas estructuras que impacta directamente en la vida de las personas”.
La principal oposición radica en la suba de la factura de luz. Un estudio publicado por la Reserva Federal de Dallas estimó que los centros de datos elevaron 6,9% los precios mayoristas nacionales de la electricidad en 2025 frente a un escenario sin esa demanda. Para el norte de Virginia, el efecto estimado fue del 15 por ciento. ¿Cómo impactan estos costos en los consumidores? Por los efectos que la inversión en infraestructura y mayor mantenimiento se trasladan a la red. James Talarico, senador demócrata ganador en el ahora ex republicano estado de Texas, basó su campaña política en la promesa de hacer que las empresas dueñas de los centros de datos se hagan cargo de los costos de la energía que utilizan y de que se transparente el uso del agua que hacen.
La explotación de los recursos naturales es el otro impacto directo en el ambiente que tienen las estructuras. Según estimaciones realizadas por un grupo de científicos para los Estados Unidos, por cada MWh consumido necesitan 7,1 metros cúbicos de agua, lo que considera el uso directo e indirecto en la generación eléctrica. Esto es más de 2,5 millones de litros anuales por cada megavatio de potencia. En 2024, los centros de datos representaron alrededor del 1,5% del consumo mundial de electricidad —unos 415 TWh—, según la Agencia Internacional de la Energía. Y se proyecta que esa demanda se duplique hacia 2030.
“Los juegos del hambre”
Ante esta fuerte resistencia social, las empresas de inteligencia artificial y las grandes corporaciones tecnológicas no van a detener su avance, sino que buscan nuevos horizontes donde las condiciones les sean más favorables. Es aquí donde América Latina entra en escena, desatando una suerte de “juegos del hambre” regionales para atraer estas inversiones millonarias, compitiendo muchas veces por ver quién ofrece mayores facilidades.
“Sin lugar a dudas va a haber consecuencias directas para la región porque las empresas de inteligencia artificial y las grandes empresas tecnológicas no van a dejar de tratar de instalar ese tipo de industria. Lo único que van a tratar de hacer es buscar lugares donde se les den las condiciones para hacerlo y, lamentablemente, Argentina se está presentando ante el mundo como un territorio con varias características para atraer este tipo de inversiones: un territorio vasto, amplio, generoso en clima y en recursos. Y sobre todo algunas provincias patagónicas como Chubut y Neuquén aparecen en primera línea para recibir este tipo de data centers. Y, fundamentalmente, por la cuestión regulatoria que el gobierno de Javier Milei enfatiza con todo el tiempo que Argentina va a ser un territorio libre de regulaciones y que las empresas tecnológicas van a poder venir a hacer lo que se les dé la gana”, agregó la experta de Fundación Vía Libre.
Pablo Serdán, docente de la UBA y fundador del Observatorio Tengo Data, que contabiliza data centers en Argentina, Chile, Uruguay y Paraguay, coincidió con Busaniche. “El rechazo en los Estados Unidos y la superioridad económica y de poder de las empresas nos pone en un problema porque la presión se va a venir a nuestra región. Aquí es donde se puede dar una suerte de ‘juegos del hambre’ en la que los países se peleen por atraer este tipo de inversiones. Ya hay un ejemplo muy claro relacionado con Stargate [propiedad de Peter Thiel] que está instalando en Iguazú City, en Paraguay, el data center que estaba previsto en Argentina. Ahí conseguían energía más barata y obtuvieron menos regulaciones acá”, aseguró.
Poca transparencia
Los datos del Observatorio son contundentes: los 52 centros de datos ya instalados en la Argentina consumen aproximadamente la energía para 391.000 habitantes, casi el tamaño de La Rioja o Catamarca. La información que cuesta obtener es el dato real de consumo de agua. “Buena parte de la oposición de la población en los Estados Unidos está relacionada con la poca transparencia de la instalación de los centros, ya que los habitantes no son consultados, así como la falta de información de la utilización de los recursos. Este tipo de regulación y reglamentación es lo que buscamos tener con el Observatorio para poder anticiparnos a lo que se viene”, agregó Serdán.
En Trelew, Chubut, por ejemplo, donde ya se anunció la instalación de uno de estos emprendimientos, el estrés hídrico es permanente. Sin embargo, las empresas niegan que este vaya a ser un impacto en el ambiente.

Al peligro ambiental se le suma un debate profundo sobre la soberanía. Existe una relación directa entre la capacidad de cómputo y la independencia en materia de investigación. Ceder los recursos naturales y energéticos sin condiciones, y sin promover el desarrollo de la ciencia local, implica una subordinación a los intereses de las grandes corporaciones tecnológicas.
Serdán recordó que la firma del acuerdo Pax Cíclica, con los Estados Unidos, que prioriza a las compañías estadounidenses sobre las chinas o de otra nacionalidad, también condiciona estas inversiones: “¿Por qué tenemos que elegir un bando cuando en Argentina siempre supimos buscar una negociación inteligente? Si todo el mundo necesita energía y procesar datos, somos nosotros los que tenemos que poner las condiciones. Creo igualmente que esto debería suceder a nivel Mercosur”.
Soberanía de datos
Busaniche se refirió a las inversiones: “Hay muchas inversiones de este tipo que se están produciendo en Paraguay, Uruguay, Chile, Brasil. Pero hay algunas diferencias: Brasil, por ejemplo, tiene regulaciones que exigen monitoreo de consumos e impacto hídrico y también una cuestión que a mí me parece central y que no podemos eludir en esta discusión, la necesidad de nuestros países de contar con capacidad de cómputos para desarrollar nuestra propia ciencia, investigación y nuestros propios servicios. Ahí hay una relación directa entre esa capacidad y el ejercicio soberano en materia de investigación y de ciencia. Entonces, en esta Argentina de Javier Milei, que es una Argentina abierta al mundo en condiciones de subordinación absoluta a los intereses de las big tech, lamentablemente ninguna condición se les va a poner. La contracara de esto es que estas inversiones no están llegando”.
Una de las preocupaciones que se suma a esta falta de regulación es el impulso al proyecto conocido como super RIGI (Régimen de Incentivo a Grandes Inversiones), que amplía el RIGI, aprobado en la Ley Bases. “Con el RIGI y si sale el super RIGI, los ciudadanos quedamos atados de pies y manos. Es un corsé jurídico para una tecnología que no terminamos de conocer ni en el presente ni a futuro, ya que blinda por 30 años una inversión. Solo después de ese plazo se podrían revisar los contratos o instalaciones”, advirtió Serdán.
Fuente: INFOBAE

