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El gobernador de São Paulo emerge como figura de la derecha brasileña tras la fuga de Flávio Bolsonaro

Tarcísio de Freitas, al frente del Estado más rico de Brasil, no oculta sus aspiraciones presidenciales

La fuga hacia Estados Unidos del ultraderechista brasileño Flávio Bolsonaro ha dejado a la extrema derecha brasileña perpleja y descabezada. En la búsqueda a toda prisa de un nuevo líder opositor al gobierno de Luiz Inácio Lula da Silva sobresale un nombre: el del recién

reelecto gobernador del estado de São Paulo, Tarcísio de Freitas, de 51 años. Era el favorito de la élite económica y de la derecha menos radical para ser el aspirante a la presidencia en estas elecciones, pero el expresidente Jair Bolsonaro, preso por golpismo, truncó esas expectativas hace casi un año, cuando, desde la cárcel, decidió que su sucesor sería su primogénito.

Ahora, los focos vuelven otra vez a ponerse sobre De Freitas. Tras la derrota electoral de Flávio Bolsonaro mantuvo silencio, y cuando todo el país se preguntaba dónde estaba el fugitivo divulgó un video en sus redes sociales en el que ya posaba como líder de la oposición. Reconoció la derrota, agradeció los más de 60 millones de votos que tuvo su compañero y pidió pasar página. “El camino es respetar el resultado de las urnas y seguir adelante”, decía. El jueves, en una entrevista con el diario Estado de São Paulo ya admitía sus ambiciones futuras: “Terminando bien el segundo mandato, obviamente, se abre una posibilidad [de disputar la presidencia]”, decía.

De Freitas es un político conservador de los de toda la vida que en los últimos años ha tenido habilidad para navegar las turbulentas aguas del bolsonarismo. Es un ingeniero civil forjado en el Ejército, que al dejar la vida castrense construyó una carrera como burócrata en la administración pública. Tras la ola ultraderechista que barrió Brasil en 2018 el expresidente Bolsonaro le invitó a ocupar el Ministerio de Infraestructuras y poco después le encargó la misión de conquistar el gobierno de São Paulo, a pesar de ser natural de Río de Janeiro.

Hacerse con el estado más rico y más poblado del país, una locomotora de casi 46 millones de habitantes, no es cualquier cosa. En la política brasileña siempre ha funcionado como una plataforma para vuelos más altos. La jugada funcionó: ganó entonces y volvió a ganar ahora. En las últimas elecciones revalidó el mandato en primera vuelta con una victoria aplastante, el 63% de los votos, derrotando a Fernando Haddad, eterno delfín de Lula.

Pero De Freitas, siempre haciendo gala de un perfil técnico y pragmático, aflojando o intensificando su bolsonarismo en función del momento, tiene que tener mucho cuidado si quiere consolidar su liderazgo. El núcleo duro de la extrema derecha brasileña aún orbita alrededor del clan Bolsonaro y sus seguidores más fieles no le perdonarán una falta de lealtad a Flávio, visto ahora como un exiliado y un perseguido político. Flávio Bolsonaro enfrenta investigaciones sobre corrupción, blanqueo de dinero y evasión de divisas.

Poco después de aterrizar en Estados Unidos divulgó una carta proclamándose “el verdadero presidente electo”, aunque después cambió el término por “líder de Brasil”. Muchos de sus aliados vieron la misiva como el enésimo estropicio de la familia Bolsonaro. El apellido es a la vez activo electoral y rémora. Para Tarcísio, deshacerse de ese lastre sin perder apoyos será el principal desafío si quiere refundar la derecha brasileña.

La carta de Flávio ha sido, en cierto modo, la gota que colmó el vaso para unos políticos que ya están con la paciencia al límite. “No me gustó”, decía el miércoles el presidente del Partido Liberal, el partido de los Bolsonaro. Valdemar Costa Neto, lleva años como estratega de la ultraderecha en la sombra y árbitro de las rencillas familiares. Ahora tiene que hacer frente a un líder de la oposición ausente, justo cuando su partido se encuentra en su mejor momento: con las mayores bancadas tanto en la Cámara de Diputados como en el Senado.

Precisamente en la cámara Alta destacará, a partir de 2027, el otro gran nombre de la derecha brasileña: la exprimera dama Michelle Bolsonaro. Como senadora tendrá un escaparate para ampliar su influencia a nivel nacional más allá de sectores conservadores y evangélicos donde ya es una estrella. Michelle es la madrastra de Flávio Bolsonaro y su mala relación no es un secreto para nadie. En junio llegó a acusarle de traición y de haber sido apuñalada por la espalda. Cuando el domingo por la noche el candidato amargaba la derrota ella festejaba el triunfo de su amiga Celina Leão, recién elegida gobernadora del Distrito Federal. Con Flávio a miles de kilómetros de Brasilia, ella también tendrá despejado el camino para sus propias ambiciones.

Fuente: EL PAÍS

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