La Paz, 11 de septiembre del 2026 (ANF).- Los periodistas están en la “primera línea de tensión comunitaria”, expuestos diariamente a conflictos políticos, accidentes, hechos de violencia, muertes y otras situaciones vinculadas con el dolor humano. Sin embargo, esa exposición ocurre en un contexto marcado por la precariedad laboral, la presión por la inmediatez y la falta de mecanismos institucionales de contención psicológica.
La doctora en investigación y psicóloga Marynés Salazar sostuvo que la salud mental no puede separarse de la salud física. “La mente no es una aureola externa al cuerpo”, explicó a ANF, al señalar que esta forma parte integral del organismo y que las conexiones neuronales procesan permanentemente la información proveniente del entorno.
Para la especialista, el problema adquiere particular relevancia en el periodismo porque quienes ejercen esta profesión están sometidos a situaciones de alerta y sobreestrés. El contacto cotidiano con crisis políticas, accidentes, violencia y muerte “altera la forma de pensar, sentir y comunicar” de los profesionales de prensa. A ello se suma la presión por informar con rapidez y las condiciones laborales inestables.
Salazar cuestionó además la idea de que el periodista deba actuar como una especie de “coraza” frente a aquello que cubre. La sociedad, explicó, suele exigirle objetividad e imparcialidad, como si fuera únicamente un “instrumento de transmisión”, sin considerar que se trata de una persona que también procesa emocionalmente la realidad que observa.
El desgaste puede aparecer primero en el cuerpo
Dolores de cabeza, tensión muscular, contracturas, gastritis, calambres y alteraciones del sueño forman parte de las señales descritas por la especialista. También pueden presentarse dificultades para procesar información que antes se manejaba con facilidad.
Pero las consecuencias también pueden observarse en la conducta. La pérdida de capacidad de escucha y atención, las respuestas cortantes, la irritabilidad, las actitudes descalificadoras e incluso manifestaciones violentas pueden ser señales de deterioro. En situaciones de mayor agotamiento pueden aparecer explosiones de llanto o dificultades para procesar coberturas de alto impacto, asociadas al burnout.

Roberto Méndez, representante de la Asociación Nacional de Periodistas de Bolivia (ANPB), consideró que la situación es especialmente delicada. “La salud mental de los periodistas en Bolivia es bastante grave”, sostuvo en entrevista con ANF y atribuyó este deterioro a la combinación de precariedad laboral, inestabilidad económica, exposición a hechos violentos y falta de apoyo o contención en los medios.
Los datos del estudio Periodistas y Precariedad Laboral, elaborado por el CEDLA, la ANPB y UNITAS, ayudan a dimensionar las condiciones en las que trabaja parte del gremio. El documento señala que el 91% de los periodistas consultados carece de seguro de vida, el 45% percibe ingresos inferiores al salario mínimo nacional y el 79% trabaja bajo contratos flexibilizados o de corta duración. Solo el 21% tiene un contrato indefinido.
La investigación también identifica al estrés laboral como uno de los principales riesgos internos de la profesión y señala su relación con cuadros de ansiedad y depresión. Las extensas jornadas, la presión por la inmediatez y el trabajo prolongado frente a pantallas pueden contribuir además al síndrome de fatiga crónica.
A esta presión se suma la violencia que enfrentan los trabajadores de prensa durante las coberturas. Méndez recordó que periodistas suelen acudir a escenarios de conflicto sin cascos, chalecos antibalas u otros elementos básicos de protección. También mencionó agresiones sufridas por trabajadores de prensa durante los enfrentamientos posteriores a la detención del gobernador Luis Fernando Camacho en Santa Cruz, además del impacto que tuvo el caso Las Londras sobre el gremio.
El documento registra además agresiones físicas y psicológicas, acoso en redes sociales, estigmatización y amenazas de procesos judiciales en un contexto político polarizado. En el ámbito laboral, testimonios recogidos por la investigación relacionan situaciones prolongadas de acoso con afecciones cardiacas, problemas de tiroides, neuralgias y afecciones en la piel.
Pese a este escenario, la atención psicológica continúa siendo una asignatura pendiente. Méndez reconoció que los medios “no están preparados ni muestran una preocupación sistemática” por brindar apoyo psicológico a sus trabajadores después de coberturas traumáticas o ante enfermedades graves. También admitió que la salud mental constituye un “ítem pendiente” para las propias organizaciones gremiales, que no cuentan con un protocolo o programa establecido de atención psicológica.

Fuente: ANF

