- La policía boliviana bajo la óptica ciudadana
Potosí, Kollasuyo Digital
La Policía Boliviana celebró dos siglos de existencia institucional, el pasado 24 de junio, pero, por los conflictos sociales y el bloqueo de carreteras, no pudieron llevar a cabo actos de homenaje en un trascendental día que se remonta a 1.826, una fecha que invita a celebrar con actos protocolares y desfiles, sino también a una profunda reflexión sobre el papel que ha desempeñado y desempeña en la historia del país y sobre las condiciones en las que hoy cumplen su delicada misión más de 40 mil hombres y mujeres del verde olivo.
Los antecedentes de la institución policial se remontan a los primeros años de la República.
Mediante un decreto emitido durante el gobierno del Mariscal de Ayacucho: Antonio José de Sucre, el 24 de junio de 1826, se organizó el servicio policial de la naciente República de Bolivia, sentando las bases de la actual Policía Boliviana. Desde entonces, la institución evolucionó hasta convertirse en el organismo encargado de preservar el orden público, garantizar la seguridad ciudadana, prevenir el delito, proteger la vida y los bienes de la población y hacer cumplir las leyes.
Durante estos 200 años, la policía ha acompañado prácticamente todos los acontecimientos más importantes de la historia nacional. Ha enfrentado guerras, revoluciones, conflictos sociales, desastres naturales, crisis políticas y emergencias sanitarias. Miles de policías han entregado su vida en cumplimiento del deber, muchas veces lejos del reconocimiento público y de sus propias familias.

“Guardia fiel, que te importa la vida si alumbrando te mata el deber”
La celebración del Bicentenario policial también pone sobre la mesa una realidad incómoda. Mientras la delincuencia se moderniza, utiliza tecnología, redes internacionales, vehículos de alta velocidad y sofisticados mecanismos para cometer delitos, gran parte de la Policía continúa trabajando con enormes limitaciones y en condiciones desiguales frente a la delincuencia.
Muchos comandos policiales carecen de infraestructura adecuada. Existen módulos deteriorados, dormitorios improvisados, catres antiguos, colchones desgastados y ambientes que no ofrecen condiciones dignas para quienes permanecen de guardia durante jornadas de 24 horas o más. En numerosos municipios todavía faltan estaciones policiales equipadas y espacios apropiados para la atención de la ciudadanía.
La dotación de ropa de trabajo o uniformes policiales no existe, no hay. Cada policía debe comprar con sus recursos y deben asumir gastos personales para mantener en condiciones su uniforme, sus botas y hasta su equipamiento policial.
En materia de transporte, aunque en los últimos años se incorporaron una gran cantidad de motocicletas y patrullas en algunas regiones, la cobertura sigue siendo insuficiente frente al crecimiento urbano y al incremento de la delincuencia. En varias unidades policiales los vehículos presentan un elevado desgaste, requieren constantes reparaciones o simplemente están inutilizados por falta de repuestos y un adecuado mantenimiento lo que repercute en una cobertura mayor para atender la demanda de auxilio de la población.
La tecnología también constituye un desafío permanente. La lucha contra el crimen organizado exige sistemas modernos de vigilancia, laboratorios científicos, herramientas digitales, cámaras inteligentes, equipos de comunicación seguros, drones y plataformas de inteligencia criminal. Sin estos recursos, el trabajo policial queda en desventaja frente a las organizaciones delictivas que cada vez operan con equipos y armamento moderno y tecnología sofisticada.

A ello se suma una realidad económica lacerante que pocas veces se debate con sinceridad. Los salarios de policías continúan siendo precarios y modestos por no decir “miserables” en relación con la responsabilidad que asumen diariamente.
Arriesgan su vida, trabajan fines de semana, feriados y madrugadas, enfrentando hechos violentos y soportan una enorme presión social.
La ciudadanía exige una Policía eficiente, transparente y cercana a la sociedad. Esa exigencia es legítima. Pero también es legítimo exigir que el Estado proporcione a sus policías las herramientas necesarias para cumplir su misión.
No se puede pedir excelencia institucional cuando todavía existen carencias elementales en infraestructura, equipamiento, movilidad y condiciones económicas favorables.
Una Policía fortalecida no significa únicamente más efectivos en las calles. Significa mejor formación profesional, tecnología de punta, salarios justos y dignos, infraestructura moderna, vehículos suficientes y buen estado, equipamiento adecuado y una verdadera política pública de seguridad ciudadana.
Y la corrupción?
Claro que hay policías corruptos, como hay corruptos en la política , en los sindicatos en casi todas las instituciones de la patria.
Pero hay buenos policías, con principios, con excelente formación, y verdadera vocación de servicio.
Hay miles de policías que merecen respeto y consideración.
Y una institución fundamental de la patria como la policía boliviana no puede ser estigmatizada como corrupta por malos elementos que son una vergüenza y mancillan el sagrado uniforme verde olivo. Deben ser dados de baja con ignominia.
Los 200 años de la Policía Boliviana deben convertirse en una oportunidad para mirar hacia adelante. El reconocimiento no puede quedarse en medallas, discursos y desfiles. Debe traducirse en inversiones reales, planificación y modernización institucional, porque la seguridad de los bolivianos depende, en gran medida, de una Policía preparada y respaldada por el Estado.
No se derrota al crimen organizado, con discursos ni con homenajes de aniversario. No se combate a la delincuencia enviando policías a patrullar con vehículos deteriorados, infraestructura precaria, equipos insuficientes, uniformes descoloridos y salarios que apenas alcanzan para vivir.
Si el Estado y la sociedad quiere una Policía fuerte, primero debe darle las armas de la dignidad: tecnología, capacitación, condiciones de trabajo y respeto institucional.
De lo contrario, estos doscientos años correrán el riesgo de ser recordados como dos siglos de sacrificio… y de abandono total.
Benigno Castillo Pérez
Jefe de Prensa de radio Kollasuyo

