- Historias de vida que estremecen las fibras más profundas de un ser humano
Potosí, Kollasuyo Digital
En tiempos difíciles, cuando los caminos estaban cerrados por los bloqueos, cuando los precios de los alimentos parecían inalcanzables y cuando la crisis económica golpeaba con fuerza los hogares más humildes, el corazón solidario de Potosí volvió a demostrar de qué está hecho.

Fue una montaña de solidaridad. Tan inmensa como el Cerro Rico.
La mañana de este sábado 20 de junio, los micrófonos de Radio Kollasuyo se convirtieron en el puente entre la desesperación de una madre y la generosidad de todo un pueblo. Apenas transcurría una hora del programa Cambalache, conducido por las doctoras Patricia Soliz y Martha Rivas, cuando una historia estremeció a la audiencia.
Frente al micrófono estaba Filomena Ayarachi, una madre soltera que llegó acompañada de sus dos hijos, de 15 y 12 años. Su voz quebrada reflejaba el peso de una lucha silenciosa. Vive en la zona Cantería, en la parte alta de la ciudad de Potosí, y ya no sabía dónde acudir.

La artritis había ido apagando poco a poco sus fuerzas.
“Ya no puedo hacer nada. Mis manitas y mis pies ya no responden. Esta artritis no me deja en paz”, relató entre lágrimas.
La enfermedad le había arrebatado la posibilidad de trabajar con normalidad. Aunque estaba dispuesta a realizar cualquier actividad para sostener a sus hijos, el dolor constante en las manos y los pies le impedía continuar. Mientras tanto, las necesidades del hogar crecían cada día.
No había podido comprar uniformes escolares. Faltaban útiles para las clases. Faltaban alimentos. Y, como ella misma confesó, había llegado un momento en que ya no tenía qué darles de comer a sus hijos.
Su testimonio llenó de emoción los estudios de la radio. Las conductoras del programa apelaron entonces a la solidaridad de la potosinidad.
Y ocurrió algo extraordinario.
Como si una fuerza invisible hubiera tocado cientos de corazones al mismo tiempo, las llamadas comenzaron a llegar de inmediato. Personas de distintos barrios ofrecieron ayuda. Algunos anunciaron aportes económicos. Otros llevaron alimentos. Hubo quienes llegaron con ropa para la madre y sus hijos.
En cuestión de minutos, los ambientes de Radio Kollasuyo se transformaron en un centro de esperanza.
Mientras tanto, Filomena permanecía en silencio, aferrada a su fe. En distintos momentos elevó oraciones y agradecimientos, esperando que Dios escuchara su clamor.
Y la respuesta llegó.
Llegaron bolsas de arroz, azúcar, fideo y otros productos de primera necesidad. Llegaron prendas de vestir. Llegaron manos amigas. Llegaron personas que, quizá quitándose el pan de la boca o compartiendo lo poco que tenían, decidieron tender una mano a una familia que lo necesitaba con urgencia.
La solidaridad venció a la indiferencia.
Al concluir la campaña, el resultado era conmovedor: cerca de dos mil bolivianos en aportes económicos, además de una importante cantidad de alimentos y ropa para la familia.
Lo que comenzó como un pedido desesperado terminó convirtiéndose en una jornada inolvidable de amor al prójimo.
Cuando todo terminó, Filomena se retiró junto a sus hijos con una sonrisa que no había mostrado al inicio de la mañana.
“Por lo menos esto me alcanzará para más de un mes… y luego Dios proveerá”, dijo emocionada.
Antes de partir, volvió la mirada hacia los estudios de la emisora y expresó su gratitud.

—“Gracias pueblo potosino… gracias Radio Kollasuyo”.—
Sus palabras resumieron el sentimiento de una jornada que quedará grabada en la memoria de quienes fueron testigos de ella.
Porque cuando la necesidad toca la puerta, Potosí responde.
Y este sábado lo hizo con la grandeza de su historia, con la nobleza de su gente y con una montaña de solidaridad tan inmensa como el Cerro Rico.
Jhasmin Analiz Mamani

