La afección cutánea no es exclusiva de la adolescencia: también puede presentarse en adultos y, según especialistas, crecen las consultas de mujeres después de los 25 años. Las claves para un abordaje integral
En el Día Mundial del Acné, que se conmemora este sábado 5 de junio, la atención se dirige a una afección dermatológica que trasciende la piel y afecta de manera significativa la salud emocional. Distintas investigaciones muestran una relación directa entre el acné y el bienestar psicológico.
Un estudio publicado en el British Journal of Dermatology registró un aumento global de casos desde 1990, especialmente entre adolescentes y adultos jóvenes. El doctor Zhou Zhu, autor principal de la investigación, señaló que su estudio no identificó las causas de este incremento, aunque podrían vincularse con factores del estilo de vida, como la alimentación, el estrés, el aumento de la obesidad, la mayor exposición a la contaminación urbana o una mayor tendencia a buscar tratamiento médico.
El doctor Jorge Ulnik, médico psiquiatra (UBA) y psicoanalista didacta de la Asociación Psicoanalítica Argentina (APA), profesor asociado de Fisiopatología y Enfermedades Psicosomáticas de la UBA, explicó a Infobae la relación cerebro- piel-emociones.

“El estado de la piel influye en el cerebro porque la piel produce la mayoría de los neurotransmisores presentes también en el sistema nervioso central y envía señales que llegan a este órgano. A su vez, el cerebro genera neurotransmisores y hormonas que afectan la piel”, explicó el especialista.
Por otro lado, la doctora Leisa Molinari, médica dermatóloga, especialista en cáncer de piel, fundadora del Centro Médico de la Piel (M.N. 116.628), indicó a Infobae que la cara, al ser la zona más expuesta del cuerpo, refleja cualquier alteración de inmediato en el plano emocional. “En mi práctica veo cómo el acné puede generar vergüenza, baja autoestima, frustración, inseguridad y ansiedad. La evidencia muestra que las personas con acné tienen mayor riesgo de presentar síntomas depresivos y cuadros de ansiedad, una asociación que se profundiza cuando la enfermedad es severa o persistente”, explicó.
Según la doctora, hasta el 95% de los adolescentes y adultos jóvenes atraviesan episodios de acné en algún momento, de acuerdo con datos del Global Burden of Disease. Además, advirtió que el acné en mujeres adultas muestra una tendencia creciente a nivel global, con modelos epidemiológicos que proyectan un aumento hacia 2040: “Ya no es solo ‘un tema de adolescentes’, cada vez más mujeres llegan a la consulta después de los 25, los 30 e incluso los 40 años”, resaltó.

A este contexto se suma un fenómeno cada vez más habitual en la consulta: “El uso de filtros en redes sociales produce lo que denomino ‘dismorfia de la piel’, expectativas poco realistas y una búsqueda obsesiva de una piel perfecta que no existe”, advirtió Molinari.
Según la Academia Estadounidense de Dermatología, el acné puede repercutir negativamente en la salud emocional. Las personas con acné pueden desarrollar:
- Depresión
- Ansiedad
- Baja autoestima
- Mala autoimagen
- Disminución de la calidad de vida
- Sensación de soledad
Qué es el acné y cómo se manifiesta

El acné es la enfermedad cutánea más frecuente a nivel mundial, afirmó Molinari: “Se origina en la unidad pilosebácea —donde conviven el folículo piloso y la glándula sebácea— cuando se combinan cuatro factores: exceso de sebo, obstrucción del folículo por células muertas, proliferación de la bacteria Cutibacterium acnes e inflamación local”.
El resultado visible, describió la especialista, son comedones (puntos negros y blancos), pápulas, pústulas y, en los casos más severos, nódulos y quistes con riesgo de cicatrices en cara, espalda, pecho, boca, nariz. “Puede afectar cualquier tipo de piel y cualquier edad ya que no es exclusivo de la adolescencia”, destacó.
La doctora añadió: “La piel no solo cumple una función de barrera y protección: también responde a estímulos internos como el estrés, las emociones y los cambios hormonales. En dermatología estudiamos esta relación dentro del campo de la psicodermatología, que analiza cómo los factores emocionales pueden influir en distintas enfermedades cutáneas y, a la vez, cómo las alteraciones visibles de la piel impactan en la autoestima, la seguridad personal y la salud mental”, explicó la experta.

En el caso del acné esta conexión es muy clara. “Atravesar una situación de estrés o ansiedad puede favorecer brotes o empeorar lesiones preexistentes, mientras que convivir con acné, sobre todo cuando afecta el rostro, puede generar vergüenza, inseguridad, frustración y retraimiento social“, advirtió Molinari.
“Además, el estrés y el acné generan un círculo difícil de cortar: el estrés actúa como factor que empeora los brotes, y esos brotes, a su vez, aumentan la angustia, la inseguridad o la ansiedad. Cuando el acné tiene un impacto emocional importante, mi recomendación es no minimizarlo ni tratarlo como una preocupación meramente estética”, añadió.
El acné y la autoestima

La disminución de la autoestima es una consecuencia común en personas con acné. Una encuesta de la British Skin Foundation (BSF) reveló que el 70% de quienes padecen esta enfermedad reconocen una falta de confianza en sí mismos. Esta situación suele generar incomodidad con la propia imagen y dificultades para socializar.
De acuerdo al doctor Ulnik, los problemas de la piel afectan el estado de ánimo por muchas razones: “Algunas son puramente estéticas, pero otras son equivalentes de angustia, como la picazón. La enfermedad de la piel puede generar evitación social, depresión, angustia, estrés“.
Claves para un abordaje integral

Según la Academia Estadounidense de Dermatología, los estudios demuestran que cuanto más tiempo dura el acné, mayor es la probabilidad de que afecte a las emociones. “El tratamiento precoz puede prevenir estos problemas”, destacó la entidad.
Para abordar el impacto emocional que provoca el acné, es fundamental tratar tanto la afección de la piel como el bienestar mental. Técnicas como la meditación y el ejercicio físico regular pueden contribuir a reducir el estrés, un factor que agrava esta condición, según la academia.
Para el doctor Ulnik, el primer paso es consultar al dermatólogo. Luego, tratar de identificar cuáles son las situaciones desencadenantes y las emociones implicadas y trabajar sobre ellas en una terapia adecuada con profesionales con experiencia en psicodermatología.
Para Molinari, cuando el estrés aparece como factor asociado al acné, el tratamiento tiene que ser integral: “Esto significa abordar la piel con herramientas dermatológicas adecuadas, pero también contemplar el contexto emocional del paciente. El objetivo no es solo mejorar las lesiones visibles, sino también evitar cicatrices, reducir recaídas y acompañar el impacto que la enfermedad puede tener en la autoestima y la calidad de vida”.

Según cada caso, la doctora explicó que se pueden indicar tratamientos tópicos, medicación oral, rutinas específicas de cuidado de la piel o tecnologías para tratar marcas y cicatrices.
“Un error frecuente es creer que el sol mejora el acné”, alertó Molinari. Y añadió: “La exposición solar deshidrata la piel, el cuerpo compensa produciendo más grasa, y se engrosa la capa superficial. Además, el sol sobre lesiones inflamadas aumenta el riesgo de cicatrices oscuras y persistentes. El protector solar es absolutamente obligatorio”.
En cuanto a la dieta, la doctora afirmó que los alimentos no son un desencadenante directo, pero las dietas ricas en harinas refinadas, azúcares y lácteos pueden agravar el cuadro. “El consumo excesivo de azúcar eleva la insulina y el factor IGF-1, potenciando la producción de grasa y la inflamación”, advirtió.
Finalmente, destacó la importancia de trabajar sobre hábitos que pueden influir en la evolución del cuadro: sostener una rutina de limpieza suave, hidratar la piel aunque sea grasa, usar protector solar, evitar manipular las lesiones y respetar la indicación médica. Cuando el estrés, la ansiedad o la angustia son significativos, también puede ser necesario sumar acompañamiento psicológico o apoyo profesional en salud mental. “La mirada conjunta entre dermatología y salud emocional permite un abordaje más completo y realista“, concluyó Molinari.
Fuente: INFOBAE

