Guiju
Bolivia ganó esta noche a Surinam 2 a 1; pero terminó el partido con los once jugadores colgados del arco para que no entre la pelota, mientras la gente sufría afuera, donde quiera que sea, Potosí, Santa Cruz, La Paz, etc, etc…
Entonces la idea era ponerle de título a la nota: “Ganó con el Jesús en la boca”; pero revisando imágenes de cómo la gente vivió el partido, primero con el gol surinamés sorpresivo, que incluso provocó que alguien grite ¡fuera Villegas!, la idea inicial empezó a cambiar en el chip que tenemos ahí arriba de nuestro cuello.
Luego llegó el puntazo de Moisés Paniagua y el alma volvió al cuerpo de los hinchas y después llegó el penal que Miguelito Terceros no sólo convirtió en gol; sino que le dibujo una sonrisa a los bolivian@s y también provocó lágrimas de alegría.
Entonces, creo que todos deseábamos que el reloj corra como el Correcaminos y se acabe el partido; pero cuando vimos 10 minutos de reposición o tiempo extra, pareció casi como un calvario.
Y luego de un tiro de esquina rechazado por la defensa boliviana, cuando el árbitro indicó con sus dedos el centro del campo, mientras sonaba su silbato, llegó la explosión de júbilo en muchos lugares del país y fuera de nuestras fronteras.
Ni que decir de las celebraciones y los cánticos de miles de hinchas de norte a sur y de este a oeste, porque se dio un paso fundamental para reditar la clasificación a un Mundial de Fútbol, como ocurrió en 1993.
El último rival a vencer, ahora, se llama Irak y será el próximo martes 31 de este mes, cuando la ilusión y esperanza, la ansiedad y nerviosismo, la euforia y el silencio se unan al iniciarse el encuentro.
Algunos dirán es un juego más. ¡Qué equivocados que están!, porque el fútbol es Magia y Misterio y nadie quiere buscarle explicaciones a lo que provoca en la gente, en las sociedades, en los pueblos…
Ahí no importa el color, la religión, el sexo, el estado civil, la billetera, nada.
Se lo vive y siente con la pureza de un gran amor y el deseo de vencer de un guerrero innato, eso es.
Puede unirnos y hacernos olvidar de nuestras penas, de nuestros sufrimientos, de todo.
Por eso lo amamos, por eso trasmitimos nuestros mejores vibras para ganar.
Ojalá y con la bendición del Altísimo, el próximo martes retumben las calles del país de gritos de alegría porque necesitamos de ese arte denominado fútbol para sentirnos orgullosos de tener el corazón pintado de rojo, amarillo y verde… Sólo nos falta ganar la última batalla.

