Teherán considera “excesivas” las demandas de Washington. Los mediadores intentan que se reúnan esta semana. Israel cree que el diálogo fracasará, pero aumenta sus bombardeos por si genera un alto el fuego
Irán ha movido ficha este miércoles al rechazar la propuesta de 15 puntos del presidente estadounidense Donald Trump para poner fin a la guerra, ya que considera sus términos “excesivos”, pero ha dejado un resquicio para proseguir los contactos mientras los países mediadores tratan de conseguir, contra el reloj, una reunión entre los representantes de los dos adversarios. Ese encuentro puede ser, según advierten los intermediarios, la última oportunidad para evitar una escalada aún más encarnizada….
El rechazo del Gobierno iraní al plan que les hizo llegar Pakistán a principios de esta semana en nombre de Washington se ha conocido a través de las declaraciones de un alto cargo de Teherán a la cadena de televisión Press TV. Ve la propuesta de la Administración de Trump como “excesiva y alejada de la realidad del fracaso de Estados Unidos en el campo de batalla”.
El alto cargo también considera el plan “engañoso” y recuerda que la Administración Trump ha seguido una pauta con Teherán este mandato: inició negociaciones y, mientras estaban en curso, atacó territorio iraní. O, como en la guerra de junio de 2025, apoyó los bombardeos de Israel en pleno diálogo con Washington e incluso se acabó sumando.
En 2025 dañó las instalaciones nucleares del país; en esta ocasión, ha matado a buena parte de la cúpula de mando iraní, incluido el líder supremo Alí Jameneí, sustituido por su hijo Mojtaba, al que Israel da por vivo y participando en el proceso de decisiones, según las estimaciones de este martes de sus servicios secretos. Esa pauta, denuncia Teherán, podría repetirse ahora: mientras propone conversar, Estados Unidos concentra refuerzos militares en la zona del golfo Pérsico, cuya llegada se espera este mismo viernes, cuando se cumple el ultimátum de Trump
El plan de 15 puntos de EE UU parece, a simple vista, una repetición de las propuestas que los enviados Steve Witkoff y Jared Kushner plantearon al ministro de Exteriores iraní, Abás Araghchi, en sus tres rondas de reuniones antes del comienzo de la guerra: Fin del enriquecimiento iraní de uranio y desmantelamiento de las instalaciones nucleares de ese país; del programa de misiles, y del patrocinio de grupos radicales islamistas en Oriente Próximo. A esas exigencias se suma ahora la apertura del estratégico estrecho de Ormuz, por el que pasa el 20% del tráfico mundial de petróleo y gas y que Irán mantiene cerrado en la práctica tras el comienzo de la ofensiva israelo-estadounidense el 28 de febrero. La clausura ha afectado el tránsito marítimo y disparado la inestabilidad de los mercados. A cambio, Estados Unidos ofrece el levantamiento de las sanciones que pesan contra Irán y que lastran su economía.
Si Washington no parece haber cedido un ápice en sus exigencias tras cuatro semanas de guerra, Teherán tampoco da su brazo a torcer y mantiene una postura de máximos. Según la fuente de Press TV, exige que Estados Unidos e Israel cesen totalmente las “agresiones y asesinatos” a Irán y a sus aliados. También reclama un mecanismo que garantice que no las iniciarán de nuevo, el pago de reparaciones de guerra y el reconocimiento de su soberanía sobre el estrecho de Ormuz como un “derecho natural y legal”.
Un portavoz militar iraní, Ebrahim Zolfaghari, ha asegurado que la situación en el estrecho de Ormuz “no volverá a ser la que era” y que su país decidirá qué barcos pueden atravesarlo y cuáles no. “La autoridad para permitir el paso es nuestra”, ha indicado el representante, que horas antes había desdeñado la propuesta estadounidense: Washington, aseguraba, “está negociando solo consigo mismo”.
En Israel —que quiere continuar la campaña que lanzó con EE UU— estiman que el diálogo tiene muy pocas probabilidades de éxito y casi seguro fracasará, por lo que no reina la preocupación, según la televisión pública. Sí existe un cierto “temor” a que Trump imponga de repente a su aliado un alto el fuego temporal.
De hecho, el ejército está centrando sus bombardeos en instalaciones militares o de producción de misiles balísticos, así como objetivos de la Guardia Revolucionaria o la milicia Basij, en un intento de completar el mayor número posible de objetivos ante un eventual cese de las hostilidades. El primer ministro, Benjamín Netanyahu, ha hecho una digresión cuando hablaba sobre Hezbolá por videoconferencia con las autoridades del norte del país (las más castigadas por los disparos de la milicia libanesa) para señalar que la guerra en Irán “continúa con plena fuerza”. No está, sin embargo, bombardeando instalaciones energéticas (como le exigió el presidente de EE UU), ni matando líderes de peso.
Washington sostiene —o más bien, Trump— que Irán está deseoso de cerrar un acuerdo. “Y ¿quién no querría, si fueras ellos?”, declaró este martes desde el Despacho Oval. El mandatario insiste también en que ha ganado la guerra —el conflicto está a punto de cumplir un mes—, pese a que el Pentágono va a pedir un presupuesto extraordinario de 200.000 millones de dólares, los ataques continúan y miles de soldados están de camino para sumarse a los 50.000 que ya tiene en Oriente Próximo.
A las reticencias iraníes sobre esos refuerzos mientras Trump habla de negociar, representantes de la Administración responden que es la táctica habitual de un experimentado empresario, que presume de su don para cerrar acuerdos. “Con una mano ofrece un trato, con la otra se prepara a golpearte si no lo consigue”, indican. Y aluden como prueba de buena fe que ahora estén implicados en los intentos de diálogo los dos grandes pesos pesados de la política exterior de Trump: el secretario de Estado, Marco Rubio, y el vicepresidente, J. D. Vance.
Los nuevos dirigentes de Irán, procedentes de la línea dura del régimen y vinculados con la Guardia Revolucionaria, desconfían de negociar con Witkoff y Kushner, sin conocimientos nucleares y promotores inmobiliarios de profesión. Consideran que no llegaron siquiera a entender bien los términos que ofrecía Irán en las conversaciones previas a la guerra.
“El régimen iraní ahora es más radical, menos centralizado y cada vez más convencido de que está ganando. Cree que puede dictar los términos de cómo acabe este conflicto. Eso deja a Trump con dos opciones reales: o acepta un alto el fuego sin un acuerdo, o un acuerdo forjado en torno a las exigencias iraníes, o bien una grave escalada, con drásticas consecuencias para el sistema global y la economía internacional”, apunta el exanalista de la inteligencia militar iraní Danny Citrinowicz, en un comentario en redes sociales. “Es el resultado de una campaña desarrollada a partir de supuestos erróneos, especialmente en torno a la capacidad de resistencia iraní. Irán no es Venezuela. No hay una Delcy Rodríguez esperando en Teherán. Ni una fórmula mágica para resolver el problema iraní”.
Mientras tanto, corre el tiempo. Para este viernes se espera la llegada a la zona bajo responsabilidad del Comando Central —a cargo de las operaciones estadounidenses en Oriente Próximo— de un grupo de tres buques de asalto anfibios, con unos 2.500 soldados de Infantería de Marina a bordo. El Pentágono también ha movilizado a unos 3.000 paracaidistas, que pueden desplazarse a cualquier punto del mundo en 18 horas. Unos 2.500 marines han recibido órdenes de prepararse para zarpar.
Fuente: EL PAÍS

