El presidente estadounidense anuncia la creación de una coalición militar contra el narcotráfico en la inauguración en Miami de la cumbre Escudo de las Américas con líderes de la derecha del continente
El Escudo de las Américas, la alianza de gobiernos de derecha en el continente, ya es una realidad. El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, ha inaugurado la primera cumbre de esta asociación de 13 países en una ceremonia en su club de golf en Doral, en las afueras de Miami, en la que ha anunciado el lanzamiento de una coalición militar para luchar contra los carteles de la droga en la región. Ha asegurado que La Habana “quiere llegar a un acuerdo” en negociaciones con él y el secretario de Estado, Marco Rubio, y que el régimen castrista está “en sus últimos momentos de vida”. Ha revelado que esta semana Washington ha reconocido formalmente al gobierno de Delcy Rodríguez en Venezuela. Y ha dejado claro que, pese al interés de su gobierno en América Latina, él no se plantea estudiar español: “no voy a aprender su maldito idioma”, ha dicho ante los líderes.
Desde la llegada de Donald Trump a la Casa Blanca, su Administración ha dedicado mucha más atención que las de sus predecesores a América Latina, la región que su Estrategia de Seguridad Nacional declara gran prioridad en política exterior y donde Washington sostiene que Estados Unidos debe ser la potencia hegemónica. La cumbre de este sábado, la presentación oficial del Escudo de las Américas, debía de ser una suerte de guinda en el pastel de este interés.
Pero la ofensiva contra Irán se interpuso. Trump, que había querido celebrar la reunión de líderes en su club de golf en Doral, en las afueras de Miami, se marchó en cuanto terminó su discurso, sin participar en sesiones bilaterales ni la comida de homenaje a los visitantes. Él tenía que viajar a la base militar de Dover, en Delaware, para participar en la ceremonia de recepción de los cuerpos de los soldados estadounidenses muertos por un misil iraní el pasado sábado en Kuwait. La cita obligaba a adelantar, comprimir y acelerar el desarrollo de la cumbre.
Trump sí tuvo tiempo, en su discurso, de reiterar, por tercera vez en tres días, su opinión de que el régimen en La Habana está a punto de caer, tras haber perdido el sustento económico que recibía de Venezuela, y que por tanto está interesado en negociar algún tipo de salida con Washington. “Quieren llegar a un acuerdo”, ha subrayado. Y aportaba un dato nuevo: por primera vez, declaraba estar implicado directamente en esas conversaciones junto a Rubio, de quien ya había apuntado en comentarios previos que lidera los contactos.
Trump también se ha referido a lo que considera su gran triunfo en política exterior en América Latina: la Venezuela tutelada por Estados Unidos. Delcy Rodríguez “está haciendo un gran trabajo”, ha subrayado. “Estamos extrayendo cantidades enormes de petróleo, ellos tienen ahora más dinero del que consiguieron nunca”.
El republicano anunció que esta semana, en la que las dos capitales han anunciado el restablecimiento de las relaciones diplomáticas, que Washington “reconocido formalmente el gobierno venezolano”. “También hemos alcanzado un acuerdo histórico con Venezuela sobre oro, que permitirá a nuestros dos países colaborar para facilitar la venta de oro venezolano y otros minerales. Ellos tienen cantidades enormes de oro, buenos terrenos, pero no podían extraerlo. El sistema no les permitía aprovecharse del valor de la tierra”, añadió.
Pese al reconocimiento del Gobierno de Rodríguez, Trump ha querido mantener los puentes con la líder de la oposición venezolana, María Corina Machado, cuyo movimiento está considerado por Washington y la Unión Europea el ganador de las elecciones de 2024: el mandatario se reunió el viernes con ella en la Casa Blanca antes de emprender viaje a Miami. Era la segunda vez que ambos se veían cara a cara, tras el encuentro de enero en el que ella le regaló su medalla del premio Nobel de la Paz.
En la cumbre participan los presidentes de Argentina, Javier Milei; Bolivia, Rodrigo Paz; Costa Rica, Rodrigo Chaves; Ecuador, Daniel Noboa; República Dominicana, Luis Abinader; El Salvador, Nayib Bukele; Guyana, Mohamed Irfaan Ali; Honduras, Nasry Tito Asfura; Panamá, José Raúl Mulino; Paraguay, Santiago Peña, y Trinidad y Tobago, Kamla Persad-Bissessar, además del presidente electo de Chile, José Antonio Kast. Quedan fuera gobiernos como los de México, Colombia o Brasil.
Durante su intervención, Trump también ha anunciado la creación de una nueva “coalición militar” en América Latina, la Coalición Contra los Carteles en América (CCCA), para combatir a los grupos del narcotráfico.
“Vamos a ir más duro”, ha prometido el mandatario, quien ha asegurado también que “desatar el poderío militar” es “la única manera” de derrotar a los carteles. Trump ha aludido a la campaña militar de su país en el Caribe y el Pacífico oriental contra supuestas narcolanchas, que ha matado a cerca de 150 personas en docenas de ataques y que numerosos expertos consideran ilegal.
El anuncio de Trump llegó después de que, en un adelanto de cómo pueda actuar la CCCA, fuerzas estadounidenses lanzaran una operación conjunta con las de Ecuador para combatir a los grupos traficantes de droga que han convertido al país andino en uno de los más violentos de la región.
La región, aseguró Trump, ofrece un “potencial ilimitado”. “Pero para lograrlo tenemos que aniquilar los carteles, y liberar así a nuestros pueblos. Con la valentía y la determinación de estos grandes líderes aquí presentes, lo conseguiremos”, añadió.
Su fascinación por el continente, sin embargo, tiene límites. Al explicar que él debía marcharse y su secretario de Estado, Marco Rubio —quien se dirigió a los líderes invitados en un español impoluto—, sería quien quedara como anfitrión del encuentro, Trump trataba de hacer una broma. “Marco tiene una ventaja sobre mí, el lenguaje” , declaraba. “Porque yo no voy a aprender su maldito lenguaje. No tengo tiempo”, agregaba riéndose.
La nueva alianza Escudo de las Américas pretende ser la respuesta de la Administración de Trump a otras organizaciones multilaterales ya existentes en la región, muy especialmente la Cumbre de las Américas, que se celebra cada tres años. También representa un paso más para poner en práctica lo que la Administración republicana apoda la “doctrina Donroe”: ese nuevo “América, para los americanos” que proclamó James Monroe hace dos siglos y en el que la Casa Blanca considera que Estados Unidos debe ser la potencia hegemónica en el continente.
La “doctrina Donroe”, reflejada en la Estrategia de Seguridad Nacional, declara que el continente americano es la principal prioridad en política exterior de Washington. Aboga por estrechar los lazos con gobiernos y personalidades afines al trumpismo y fomentar su llegada o permanencia en el poder. Al mismo tiempo, prevé enfrentarse con los que considere hostiles, hasta el punto de deponerlos o amenazar con ello en los casos de Venezuela y Cuba.
Pero también propone colaborar con gobiernos de orientación ideológica dispar que se muestren dispuestos a establecer una relación bilateral mutuamente beneficiosa. Aunque ni México, Colombia —que este fin de semana celebra elecciones— ni Brasil se encontraban en la reunión, Washington mantiene relaciones fluidas con los tres. Trump se ha reunido en la Casa Blanca con el presidente colombiano, Gustavo Petro; ha invitado al brasileño, Luiz Inácio Lula da Silva, y la colaboración de inteligencia de Estados Unidos jugó un papel en la captura del súpernarco Nemesio Oseguera Cervantes El Mencho por parte de las fuerzas mexicanas.
Al tiempo que la Administración de Trump ha alardeado de compromiso con la región y organiza esta cumbre, también ha dejado de lado su participación en otros foros regionales. Se ha retirado de tres entidades y ha amenazado con recortar fondos a otras instituciones.
La Estrategia de Seguridad Nacional estadounidense también especifica como uno de sus objetivos en América Latina el eliminar, o al menos reducir, la influencia de China en la región, donde Pekín es el principal socio comercial de numerosos países. Fomentar las oportunidades de negocio para las empresas estadounidenses es otro.
Fuente: EL PAÍS

