El éxito, en papel y pantalla, de la ficción sobre dos jugadores de hockey que son amantes secretos crea un nuevo paradigma que se extiende hasta el porno: muchas mujeres se sienten más cómodas ante la intimidad de dos hombres
Las de mediana edad, las adolescentes, las lesbianas, las heterosexuales, las europeas y las americanas. Todas parecen haberse puesto de acuerdo en una compartida obsesión por Heated Rivalry, la serie sobre una acalorada y prohibida relación entre dos jugadores de hockey que llegará a España el 5 de febrero a Movistar Plus+ bajo el título Más que rivales.
Llegamos dos meses tarde a un fenómeno global, ya que la ficción audiovisual canadiense se estrenó simultáneamente en varios países el pasado 28 de noviembre. Parte de la crítica ha reaccionado entusiasmada por la masculinidad no tóxica de la serie. The New York Times la ha llamado “la próxima frontera de la cultura gay” y en la web de Roger Ebert, Kaiya Shunyata ha escrito “la química de [Hudson] Williams y [Connor] Storrie es tan intensa que rivaliza con la de Bogart y Bacall”. Los usuarios del agregador IMDb han llegado a proporcionar un histórico 10 sobre 10 a un episodio de la serie -concretamente el quinto, I’ll Believe in Anything, que en el momento de publicación de este artículo está en un 9,9-. Ha sido el único en la historia de la televisión capaz de empatar en esa perfección con Ozymandias, de Breaking Bad. En Estados Unidos y Australia ha sido la segunda serie más vista en HBO Max cada semana desde su estreno.
“Para ellas, es posible que las relaciones entre hombres representen vínculos mucho más igualitarios e intensos. No es tanto una fantasía sexual como una fantasía relacional, porque el deseo femenino hoy se ha convertido en algo menos posesivo y más libre”
Pero lo llamativo del culto a Heated Rivalry es el altísimo porcentaje de mujeres que lo profesan. De hecho, desde que se estrenó la serie, uno de los grandes trends globales en Instagram y TikTok consiste en mujeres de diferentes edades grabadas mientras reaccionan a las tórridas escenas protagonizadas por Shane Hollander e Ilya Rozanov, interpretados respectivamente por los actores Hudson Williams y Connor Storrie.

Más que una rareza, la adicción de las mujeres a Heated Rivalry es la confirmación de una tendencia: ellas consumen gay romance tanto o más que ellos. Y con más pasión. Lejos de penalizar este tipo de contenidos, el femenino del plural adora las escenas eróticas y las tribulaciones románticas entre varones, ya sea en plataformas televisivas, ya sea en libros. E incluso si hablamos de pornografía.
“Estos protagonistas expresan deseo, miedos y conflictos internos, conectando mucho con el anhelo de vínculos más intensos, emocionales y pasionales que muchas quisieran poder establecer con sus propias parejas”
Según una investigación realizada en la Universidad de Middlesex, Male gays in the female gaze: women who watch m/m pornography (Hombres gays ante la mirada femenina: mujeres que ven pornografía entre chicos), el 82% de las mujeres que consumen porno aseguran que las escenas entre hombres son sus preferidas. La investigadora que condujo la encuesta, Lucy Neville, explicó en las conclusiones a su estudio que el fenómeno se debía a “la forma en que las mujeres percibían el trato y/o la explotación de las mujeres en el porno heterosexual, la invisibilidad del placer femenino, el hecho de que identificarse con la actriz femenina les hacía menos capaces de disfrutar del erotismo de mirar, y el hecho de que la mayor parte del porno heterosexual les invitaba a ver los actos sexuales desde una perspectiva masculina, destacando la forma en que la cámara tendía a detenerse en la anatomía femenina y que los hombres en el porno heterosexual eran feos y desenfocados en el mejor de los casos, y solo un pene incorpóreo en el peor”.
George R.R. Martin ha asegurado que le llega cierta petición insistente para la saga Canción de hielo y fuego, en la que se basa la serie Juego de Tronos: “He recibido cartas de personas que me piden que escriba, particularmente, escenas de sexo explícito entre hombres. Y la mayoría de las cartas son de mujeres”. Rachel Reid, autora de las novelas en las que se basa Heated Rivalry (que aún no se han publicado en España), explicó a The Hollywood Reporter que “muchas de mis lectoras prefieren que no haya una mujer en el libro debido a su propio pasado, generalmente oscuro, relacionado con el sexo con hombres. Prefieren sumergirse en una fantasía donde no hay nadie con quien puedan identificarse directamente. No quieren involucrarse en estas escenas de sexo. Simplemente se sienten más seguras”.

Kit Conner y Joe Locke en un episodio de la primera temporada de ‘Heartstopper’, de Netflix.©Netflix/Courtesy Everett Collection / Cordon Press
A la espera de si en España se repite o no el fenómeno de los libros y la serie canadiense, sí que podemos constatar un éxito con similares mimbres (autora, lectoras y espectadoras femeninas). Se llama Heartstopper, parte de una novela gráfica firmada por Alice Oseman y en 2022 se convirtió en una de las series más vistas de Netflix. Sus protagonistas eran Charlie y Nick, dos adolescentes británicos. Cristian Escudero, editor de Crossbooks, selló que la publicó en España, explica a ICON: “Siempre hemos notado este interés de las lectoras femeninas por el gay romance. Con Heartstopper vimos algo único en esta obra, una sensibilidad que podía atrapar a todo tipo de público, y es lo mismo que ahora ha podido replicarse con otra ficción. Nuestro público objetivo son adolescentes y mujeres jóvenes, abiertas a este tipo de narrativas”.
Animados por ese éxito, el sello ha traducido otros fenómenos como La casa en el mar más azul de TJ Klune o la Los desamores de un drama king, de Harry Trevaldwyn. “Esta atracción puede darse no solo por la calidad de estas obras, que las convierte en universales, sino también por la posibilidad de ver una introspección sentimental que les gustaría ver también en los hombres de su vida”, reflexiona Escudero.
Coincide con él la psicóloga y sexóloga Silvia Sanz: “Estas historias muestran a hombres sexualmente accesibles, contrario a lo que solemos encontrar en las ficciones heterosexuales. Estos protagonistas expresan deseo, miedos y conflictos internos, conectando mucho con el anhelo de vínculos más intensos, emocionales y pasionales que muchas quisieran poder establecer con sus propias parejas. No es tanto la orientación sexual, sino ese modelo de amor igualitario y emocionalmente más rico”.

Sanz no considera una paradoja que las mujeres disfruten del romance y las escenas sensuales entre hombres, sino que es el resultado de la confluencia de varios factores psicológicos, sociales y culturales. “En primer lugar, muchas conectan más con estas historias porque eliminan esa desigualdad de genero que normalmente suele aparecer en la narrativa romántica heterosexual, esas dinámicas de poder que a menudo están asociadas al rol femenino de sumisión, dependencia… Esto permite a la lectora o espectadora vivir esa ficción desde un lugar más libre, mucho más seguro a nivel emocional”, señala Sanz.
Y hay más, según la experta: “Esas historias en general suelen centrarse mucho en esa intimidad más emocional, en la comunicación afectiva, en la vulnerabilidad… Y todos estos aspectos las mujeres lo valoran mucho y se sienten identificadas, valores que a menudo no están tan bien representados en contenidos heterorrománticos”.
Por último hay un factor no menos importante: el sexo en sí. Aparte de las riqueza de las dinámicas románticas del gay romance, las mujeres también disfrutan de su tono erótico: las escenas de sexo o las miradas en las duchas de Heated Rivalry se han convertido ya en gifs que calientan el invierno en redes sociales y grupos de WhatsApp. “Al eliminar de la escena el cuerpo femenino, se elimina el factor de autoexigencia y comparación que muchas mujeres no pueden evitar sentir ante otras mujeres. Esto permite que dejemos volar más la imaginación y las fantasías. Nos podemos centrar simplemente en el placer sin que salte el resorte que nos lleva a autoevaluarnos”, explica la sexóloga.
Quizá sean todos estos motivos los que explican otro singular fenómeno que va más allá del consumo de contenido gay: en sus relaciones parasociales, las mujeres ya no penalizan con falta de interés romántico que sus ídolos sean homosexuales. Esto fue algo que durante décadas hizo que muchas estrellas, especialmente del cine y la música, no revelasen su homosexualidad: los grandes ejecutivos consideraban que si la ilusión de un romance con su ídolo moría al saber que su ídolo prefería a los hombres, sus seguidoras dejarían a su ídolo de lado. Hoy, sin embargo, una estrella puede seguir siendo una estrella a pesar de haber salido del armario. Desde Ricky Martin a otros que jamás han estado en él, como Troye Sivan, Lil Nas X o Frank Ocean, que se identifica como bisexual.
Lo que no era habitual hasta hace no tanto es que actores como Matt Bomer, Luke Evans o Jonathan Bailey, quienes han reconocido abiertamente su homosexualidad, sigan desarrollando con éxito unas carreras plagadas de personajes heterosexuales con numerosas escenas muy subidas de tono (véase Los Bridgerton) con sus coprotagonistas femeninas, algo con lo que Anthony Perkins, Montgomery Clift o Rock Hudson no pudieron ni soñar.
”Estamos viviendo un cambio en la forma en la que las fans experimentan su deseo. Algunas ya no necesitan experimentar proyección y la fantasía del podría ser para mí. El deseo ahora ya no depende de esa posibilidad, y un ídolo nos puede resultar atractivo aunque sepamos que es gay porque premiamos más la autenticidad y otra forma de expresar emociones, sin necesidad de esa fantasía de disponibilidad sexual. Algunos, al salir del armario, aumentan su atractivo porque es un gesto que conecta con valores muy eróticos, como el reconocimiento de la valentía, la honestidad o la coherencia, valores muy atractivos para las mujeres”, asegura la psicóloga y sexóloga.
Esta conexión ente fandom femenino e ídolos gays alcanza su cima en el caso de ciertos artistas que han declarado ser heterosexuales, pero que tienen un importante sector de seguidoras a las que les encantaría que se declarasen gais. Como si eso los fuese a convertir en personajes más interesantes para ellas. Entre los casos más paradigmáticos están Shawn Mendes o Harry Styles, del que existe todo un universo de relatos románticos que lo une a su excompañero de One Direction Louis Tomlinson. Tanto que el propio Tomlinson ha hablado, con cierto humor, de ello.
“Para ellas, es posible que las relaciones entre hombres representen vínculos mucho más igualitarios e intensos. No es tanto una fantasía sexual como una fantasía relacional, porque el deseo femenino hoy se ha convertido en algo menos posesivo y más libre. Hoy se desea la conexión, la emoción y la autenticidad”, concluye Silvia Sanz.
Fuente: El País

