Respeten los rangos. Para mojarle la oreja al campeón del mundo, al bicampeón de América y al que dio vuelta en Wembley hay que tener mucho más que palabras vacías. Hay que tener coraje para jugar, más que para falar. Y si quieren saber qué es coraje y huevos para jugar al fútbol, que alguien haga un edit de los primeros 15 minutos del primer tiempo o que pasen acelerados los 90 minutos. Porque hay que pegarle semejante baile a Brasil. Y porque también hay que tener templanza y todos los patitos en fila para recuperarse del macanón de Cuti (demostró que es humano) para seguir jugando, tocando y encontrar la mínima diferencia.
Mientras Brasil habla y pega, Argentina juega. Y cómo. Sin Messi, sin Lautaro, sin Lisandro, sin Dybala, sin Lo Celso. Dando todas esas ventajas, con 11 campeones del mundo como titulares, apabulló al Scratch que quedó minimizado y ridiculizado que su arquero tuvo que hacer tiempo a los 18 del primer tiempo, tirarse al piso, para que el técnico intentara una charla técnica, para despabilar a un Brasil dormido.
Querían dar una paliza y se encontraron el tiki tiki infernal. Si no, repasen el segundo gol, con ¡33 toques! Hasta que llegó el gol de Enzo, para que todo el Monumental se encolumne detrás de un sólo grito. “Dale campeón, dale campeón”. Cada vez que la gente quiso mojarle la oreja a Rafinha y Vinicius, nada de agravios, aliento del bueno y recordando todo el tiempo la tercera estrella.
Esta Selección es cosa seria. Ya lo sabíamos. Pero por si alguno tenía dudas de que es la mejor de la historia, encontraron esta doble fecha para dejar chiquitos a Uruguay y a Brasil, para clasificarse al Mundial una vida antes. Para que lo que venga sea el laboratorio de Scaloni para probar a los pibes porque los campeones ya no saben más cómo demostrar que están vigentes, que lo que hay que buscar es suplentes de los suplentes.
Brasil llegó a Argentina mojando la oreja, intentando calentar el partido, pero en el campo se ven los guapos. Y la Scaloneta lo sacó a pasear en un primer tiempo perfecto, para dejar en claro quién manda en el historial, para decir acá está papá. Sacando dos partidos de diferencia en el historial, para ganar tres de los cuatro últimos (Maracaná 2021, la ida de las Eliminatorias -para terminar con el invicto de Brasil en Eliminatorias y ahora). Para mostrar que se puede jugar al fútbol casi sin delanteros de oficio, que cuando tenés tan buen pie, jugadores tan inteligentes, todo es posible.
Argentina, con un 4-1-4-1, fue un equipo compacto, en trienta metros para atacar y para defender. Para que todos toquen, todos. De Dibu a Julián y pasando por los volantes que son todocampistas. Paredes para salir limpio, De Paul para manejar los tiempos emocionales, Alexis y Enzo para cambiar el ritmo, para bajarlo y subirlo, para colaborar con la marca. Y Thiago se terminó de recibir de jugador de Selección en esta doble fecha. Y Julián, por favor: qué pedazo de jugador: hace goles, corre, presiona y más.
El ST fue una continuidad del primero, con un solo equipo en cancha. Parecía un entrenamiento con 85,000 personas, con Brasil de partenaire -solo arrestos de Vini-. Argentina siguió jugando, siguió gustando y terminó goleando, con todas las letras. El cuarto se hacía desear (lo tuvo Julián, también Tagliafico), pero como si fuese un guiño del destino, fue Giuliano Simeone, uno de la nueva generación, que gritó su gol para emocionarse, para un resultado histórico que ya da la vuelta al mundo. Por contundencia, por ejecución, por el peso específico del rival. Argentina lo hizo y hasta al final el DT terminó probando pibes. Una paliza para toda la vida, para que Dibu termine haciendo jueguito, para es “un afano suspéndalo”, para terminar la noche con el “poné a Rafinha la p…” y para que en pleno partido, mientras Cuti le hacía un caño a Vinicius, todo el estadio cante “un minuto de silencio para Brasil que está muerto”.
Fuente: OLÉ