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“Piensen en sus hijos. Si Pedro Castillo no va a la cárcel, iremos nosotros”

El exjefe de la División de Seguridad Presidencial, coronel PNP Walter Ramos Gómez, relata detalles desconocidos del momento en que fue detenido el exmandatario Pedro Castillo, cuando confirmó que tenía planeado ocultarse en la embajada de México.

Detener a un presidente de la República no es algo que ocurre todos los días. Lo sabe perfectamente el coronel PNP Walter Ramos Gómez, con 33 años de experiencia. Cuando ocurrieron los hechos, el coronel Ramos se desempeñaba como jefe de la División de Seguridad Presidencial, de Seguridad del Estado de la Policía Nacional.

“Aquel día, 7 de diciembre de 2022, llegué como de costumbre a Palacio de Gobierno, a las 7 de la mañana, y me dirigí a mi oficina. Encontré un movimiento inusual ese día de algunos funcionarios del Estado entre ellos el general EP (r ) Gustavo Bobbio Rosas, que recién había sido nombrado ministro de Defensa. A las 9 de la mañana tenía programada una reunión con el jefe de la Dirección de Seguridad de Estado, el general PNP Iván Lizzetti Salazar, porque estábamos controlando los servicios, ya que el presidente Pedro Castillo se iba a desplazar hacia el Congreso. Ese día se había previsto que se permitiera el ingreso de las personas a la plaza de Armas, por lo que debíamos hacer las coordinaciones correspondientes”, relató a La República el coronel Walter Ramos.

Estaba ocupado en las diligencias descritas, cuando de pronto el expresidente Pedro Castillo apareció en la televisión para dar un mensaje a la Nación.

“En ese momento estábamos en la oficina del subsecretario de la Secretaría de Palacio de Gobierno (Enri Prieto Tica) y exclamó que era un golpe. ¿General, que vamos hacer?, pregunté al general Iván Lizzetti, y este contestó que esperaríamos alguna orden del alto mando. De un momento a otro, recibí una llamada de inteligencia de Seguridad de Estado. Me advirtieron de una posible fuga del exmandatario, como lo hizo el exministro de Transportes y Comunicaciones, Juan Silva Villegas. ‘¡No se preocupe mi coronel! ¡El presidente (Castillo) está en su despacho! ¡La gente (de Seguridad) está mosca!, informé al coronel Miguel Navarrete, de Inteligencia de Seguridad del Estado”, narró el coronel Walter Ramos Gómez. Todavía no se tenía la certeza de que Pedro Castillo, al ver que su llamamiento para cerrar el Congreso y tomar el control del Ministerio Público y el Poder Judicial, no surtió efecto, por lo que precipitó su intento de salir del país.

“¡Cofre en rotonda! ¡Cofre en rotonda!”

“Aproximadamente a la 1 y 15 de la tarde, una de las ‘sombras’ (guardaespaldas) del presidente habló por radio: ‘¡Cofre (vehículo presidencial) en rotonda, cofre en rotonda!’, lo que significaba que el presidente iba a salir. Al preguntar sobre su salida, el jefe de escolta presidencial, mayor PNP Luis Alarcón Trujillo, me informó que Pedro Castillo se iba a una ‘comisión reservada’. ‘¡Salida reservada!’, comunicó el suboficial Nilo Irigoin Chávez al chofer del “cofre”, el suboficial PNP Josep Grandez López. ‘¿A dónde van ?’, pregunté. ‘¡Salida reservada, mi coronel!’, repitió el suboficial Irigoin. Sin embargo, ya me habían advertido sobre una posible fuga, así que decidí acompañarlos. Para ello, el mayor Alarcón consultó a Pedro Castillo, quien ordenó mi presencia en la comitiva”, recordó el exjefe de la División de Seguridad Presidencial, de Seguridad del Estado de la Policía Nacional

En el vehículo de Pedro Castillo se encontraba su esposa, Lilia Paredes, su hija menor Alondra, y el exprimer ministro, Aníbal Torres. Los acompañaba toda la escolta presidencial y su “sombra” (guardaespaldas). Había un segundo vehículo donde estaba su hijo Arnold y su cuñada Yenifer Paredes.

El “cofre” presidencial estaba resguardado por cuatro anillos de seguridad: dos “liebres”, dos patrulleros y una móvil de la Subunidad de Acciones Tácticas ( SUAT). Atrás de la comitiva iba el vehículo donde se encontraba el coronel Walter Ramos.

Durante el desplazamiento de la comitiva el coronel Walter Ramos recibió otra llamada del coronel Navarrete, advirtiéndole que tuviera cuidado porque había recibido información de un posible traslado de Pedro Castillo y su familia a la embajada de México, en la avenida Jorge Basadre, en San Isidro.

Efectivamente, el coronel Ramos, al verificar la información con el mayor Alarcón, este le aseguró que la comitiva se dirigía a la embajada de México. ¿Y por qué México?. Porque el jefe de Estado, Andrés López Obrador, le había expresado públicamente su respaldo.

“En esos momentos estaba entre la espada y la pared, porque Pedro Castillo aún era presidente de la República, y si lo detenía, estaba en juego juego mi carrera en la institución policial”, dijo el coronel Ramos

“¡Detenga a Pedro Castillo!”

“Inmediatamente llamé al general Iván Lizzetti para reportarle sobre la situación y este me indicó que esperaba órdenes del alto mando policial. A los pocos minutos, Lizzetti dispuso la detención de Castillo porque estaba en flagrancia por el presunto delito de rebelión, abuso de autoridad e infracción a la Constitución Política del Perú. Así que, al llegar a la altura de la intersección de las avenidas Tacna y Nicolás de Piérola, el suboficial Nilo Irigoin Chávez, la ‘sombra’ del presidente, ordenó al suboficial Jossep Grández López, conductor del vehículo de placa EGY-552, que acelere rumbo a la embajada de México”, añadió el coronel Ramos.

No transcurrió demasiado tiempo para que el entonces jefe de la División de Seguridad Presidencial, de Seguridad del Estado de la Policía Nacional, se percatara que debía actuar de inmediato. Pedro Castillo, ante el fallido golpe de Estado, se dirigió hacia la embajada mexicana en busca de refugio y evadir a la justicia.

Era ahora o nunca.

“Al tener conocimiento de que las ‘sombras’ del presidente Castillo querían llevarlo a como diera lugar a la embajada de México, dispuse que la comitiva se detuviera. Pero, como no hacían caso a las órdenes, nos adelantamos al ‘cofre’ presidencial y logramos neutralizarlos en la esquina de las avenidas España y Garcilaso de la Vega, aprovechando el cambio del semáforo. ‘Deténganse, deténganse!’, ordené al suboficial Josep Grandez, que conducía el vehículo presidencial. Ante las exigencias del suboficial Orlando Tello, la otra ‘sombra’ de Pedro Castillo, para que siguiera manejando, el chofer no sabía a quién hacer caso. Finalmente, dispuse al contingente SUAT adelantar al ‘cofre’ y resguardar a la familia presidencial, a la altura de la Clínica Internacional, en plena avenida Garcilaso de la Vega, ante la mirada de decenas de transeúntes que trataron de acercarse”, precisó el coronel Ramos.

Sin embargo, hubo minutos de tensión.

La escolta presidencial no quería dejar a Pedro Castillo. El coronel Ramos tuvo que intervenir con más energía.

“Les dije a los miembros de la escolta: ‘Piensen en sus hijos. Si Pedro Castillo no va a la cárcel, iremos nosotros. Finalmente se doblegaron y condujeron al expresidente a la sede de la región policial Lima, ubicada en la avenida España. Comprendieron que lo mejor para el país, era detener al expresidente Castillo”, apuntó el jefe de la División de Seguridad Presidencial, de Seguridad del Estado de la Policía Nacional, coronel Walter Ramos Gómez. El 7 de diciembre de 2022, no fue un día cualquiera.

Fuente: LA REPÚBLICA

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