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	<title>Torre &#8211; Radio Kollasuyo</title>
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		<title>Vivencias de un camarógrafo: La torre inconclusa de Oploca</title>
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		<pubDate>Wed, 10 Dec 2025 01:51:16 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[¿Sabía usted?]]></category>
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					<description><![CDATA[En los innumerables viajes que realicé por las provincias del territorio potosino, fui recogiendo historias que, como semillas del viento, caían en mis oídos y germinaban en mi curiosidad. Muchas me impactaron, otras me persiguieron en el silencio de la noche, y algunas —las más arraigadas en la tierra y en la memoria de la [&#8230;]]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p>En los innumerables viajes que realicé por las provincias del territorio potosino, <strong>fui</strong> <strong>recogiendo</strong> <strong>historias</strong> <strong>que, como semillas del viento, caían en mis oídos y germinaban en mi curiosidad</strong>. Muchas me impactaron, otras me persiguieron en el silencio de la noche, y algunas —las más arraigadas en la tierra y en la memoria de la gente— se quedaron conmigo para siempre. <strong>Una de esas historias nació en Oploca</strong>, un pequeño pueblo enclavado en el sur de Potosí, allí donde la provincia Sur Chichas se enreda con las montañas y el viento carga todavía con rumores del pasado.</p>
<p><img fetchpriority="high" decoding="async" class="alignnone size-large wp-image-142910" src="https://nyc3.digitaloceanspaces.com/radiokollasuyo/wp_files/2025/12/10/Oploca_9-1024x646.jpg" alt="" width="1024" height="646" srcset="https://nyc3.digitaloceanspaces.com/radiokollasuyo/wp_files/2025/12/10/Oploca_9-300x189.jpg 300w, https://nyc3.digitaloceanspaces.com/radiokollasuyo/wp_files/2025/12/10/Oploca_9-1024x646.jpg 1024w, https://nyc3.digitaloceanspaces.com/radiokollasuyo/wp_files/2025/12/10/Oploca_9-768x485.jpg 768w, https://nyc3.digitaloceanspaces.com/radiokollasuyo/wp_files/2025/12/10/Oploca_9-1536x969.jpg 1536w, https://nyc3.digitaloceanspaces.com/radiokollasuyo/wp_files/2025/12/10/Oploca_9-2048x1292.jpg 2048w" sizes="(max-width: 1024px) 100vw, 1024px" /></p>
<p>Aquel día <strong>acompañaba</strong> <strong>a un exsecretario de la Madre Tierra para realizar un reportaje en Villazón.</strong> Tras cumplir la tarea, seguimos camino hacia <strong>Tupiza</strong>, y más tarde él se internó en una comunidad de nombre casi susurrado: Oploca. Yo lo seguí. Era una de esas oportunidades que la vida ofrece sin avisar, como si supiera que allí había algo esperándome.</p>
<p><strong>Oploca apareció ante nosotros como un espejismo detenido en el tiempo</strong>. Casas pintorescas enmarcadas por montañas que parecían besar sus tejados, un río que partía la comunidad como una línea de vida, y gente cálida que nos recibió con la serenidad de quienes han aprendido a convivir con el silencio. Mientras se desarrollaba una reunión comunal, me alejé con mi cámara para filmar cada rincón. No sabía que, en unos minutos, mis pasos iban a detenerse por completo.</p>
<p><img decoding="async" class="alignnone size-large wp-image-142911" src="https://nyc3.digitaloceanspaces.com/radiokollasuyo/wp_files/2025/12/10/Oploca_4-1024x568.jpg" alt="" width="1024" height="568" srcset="https://nyc3.digitaloceanspaces.com/radiokollasuyo/wp_files/2025/12/10/Oploca_4-300x166.jpg 300w, https://nyc3.digitaloceanspaces.com/radiokollasuyo/wp_files/2025/12/10/Oploca_4-1024x568.jpg 1024w, https://nyc3.digitaloceanspaces.com/radiokollasuyo/wp_files/2025/12/10/Oploca_4-768x426.jpg 768w, https://nyc3.digitaloceanspaces.com/radiokollasuyo/wp_files/2025/12/10/Oploca_4-1536x851.jpg 1536w, https://nyc3.digitaloceanspaces.com/radiokollasuyo/wp_files/2025/12/10/Oploca_4-2048x1135.jpg 2048w" sizes="(max-width: 1024px) 100vw, 1024px" /></p>
<h2>Frente a mí se erguía la iglesia.</h2>
<p>Una <strong>construcción imponente</strong>, de piedras tan gruesas que parecían haber sido arrancadas del mismo corazón del cerro. Un portón de madera envejecida por incontables inviernos y veranos, y un aire solemne, casi desafiante. <strong>Pero lo que más llamaba la atención era su evidente asimetría</strong>: una torre firme y orgullosa, y al otro lado, un vacío, el espacio donde debería levantarse la torre gemela… una torre que jamás fue construida.</p>
<p><img decoding="async" class="alignnone size-large wp-image-142912" src="https://nyc3.digitaloceanspaces.com/radiokollasuyo/wp_files/2025/12/10/Oploca_5-1024x586.jpg" alt="" width="1024" height="586" srcset="https://nyc3.digitaloceanspaces.com/radiokollasuyo/wp_files/2025/12/10/Oploca_5-300x172.jpg 300w, https://nyc3.digitaloceanspaces.com/radiokollasuyo/wp_files/2025/12/10/Oploca_5-1024x586.jpg 1024w, https://nyc3.digitaloceanspaces.com/radiokollasuyo/wp_files/2025/12/10/Oploca_5-768x440.jpg 768w, https://nyc3.digitaloceanspaces.com/radiokollasuyo/wp_files/2025/12/10/Oploca_5-1536x879.jpg 1536w, https://nyc3.digitaloceanspaces.com/radiokollasuyo/wp_files/2025/12/10/Oploca_5-2048x1172.jpg 2048w" sizes="(max-width: 1024px) 100vw, 1024px" /></p>
<h3>La pregunta me nació sola:<br />
¿Por qué estaba inconclusa la iglesia?</h3>
<p>Sin embargo, la <strong>gente del lugar respondía con silencios</strong>. Miradas breves, encogimientos de hombros, algún gesto evasivo. <strong>Hasta que apareció ella: una ancianita de más de 90 años</strong>, <strong>diminuta y frágil como una hoja seca</strong>, pero con una presencia que imponía respeto. <strong>Serafina</strong> <strong>Huayta Cuevas</strong>, supe después.</p>
<p><img loading="lazy" decoding="async" class="alignnone size-large wp-image-142913" src="https://nyc3.digitaloceanspaces.com/radiokollasuyo/wp_files/2025/12/10/Oploca_7-1024x635.jpg" alt="" width="1024" height="635" srcset="https://nyc3.digitaloceanspaces.com/radiokollasuyo/wp_files/2025/12/10/Oploca_7-300x186.jpg 300w, https://nyc3.digitaloceanspaces.com/radiokollasuyo/wp_files/2025/12/10/Oploca_7-1024x635.jpg 1024w, https://nyc3.digitaloceanspaces.com/radiokollasuyo/wp_files/2025/12/10/Oploca_7-768x476.jpg 768w, https://nyc3.digitaloceanspaces.com/radiokollasuyo/wp_files/2025/12/10/Oploca_7-1536x952.jpg 1536w, https://nyc3.digitaloceanspaces.com/radiokollasuyo/wp_files/2025/12/10/Oploca_7-2048x1270.jpg 2048w" sizes="auto, (max-width: 1024px) 100vw, 1024px" /></p>
<p><strong>Con ayuda de un ingeniero que le repetía mis preguntas al oído, la señora empezó a hablar en quechua</strong>. Yo filmaba su rostro, marcado por arrugas profundas que parecían caminos tallados por el tiempo mismo. Entonces lo dijo: no veía, por eso me hablaba tan cerca, gritándole a la cámara como si quisiera que su voz atravesara las décadas y llegara intacta al futuro.</p>
<p><img loading="lazy" decoding="async" class="alignnone size-full wp-image-142915" src="https://nyc3.digitaloceanspaces.com/radiokollasuyo/wp_files/2025/12/10/nota64166_imagen57306_edit_175702070566515.jpg" alt="" width="747" height="485" srcset="https://nyc3.digitaloceanspaces.com/radiokollasuyo/wp_files/2025/12/10/nota64166_imagen57306_edit_175702070566515-300x195.jpg 300w, https://nyc3.digitaloceanspaces.com/radiokollasuyo/wp_files/2025/12/10/nota64166_imagen57306_edit_175702070566515.jpg 747w" sizes="auto, (max-width: 747px) 100vw, 747px" /></p>
<h2>Y así comenzó a desgranarse la historia.</h2>
<p>Muchos años atrás —relató doña Serafina—, cuando extraños llegados<strong> “allende los mares”</strong> irrumpían en estas tierras buscando riquezas y sometiendo pueblos en nombre de un rey lejano, se decidió construir un templo en Oploca. Para ello contrataron a un joven del lugar, hábil en la construcción, fuerte y confiado. Pactó precio, tiempo y condiciones con las autoridades de aquel entonces, y se puso a trabajar con la ayuda de sus peones.</p>
<p><img loading="lazy" decoding="async" class="alignnone size-large wp-image-142916" src="https://nyc3.digitaloceanspaces.com/radiokollasuyo/wp_files/2025/12/10/Oploca_3-1024x519.jpg" alt="" width="1024" height="519" srcset="https://nyc3.digitaloceanspaces.com/radiokollasuyo/wp_files/2025/12/10/Oploca_3-300x152.jpg 300w, https://nyc3.digitaloceanspaces.com/radiokollasuyo/wp_files/2025/12/10/Oploca_3-1024x519.jpg 1024w, https://nyc3.digitaloceanspaces.com/radiokollasuyo/wp_files/2025/12/10/Oploca_3-768x389.jpg 768w, https://nyc3.digitaloceanspaces.com/radiokollasuyo/wp_files/2025/12/10/Oploca_3-1536x779.jpg 1536w, https://nyc3.digitaloceanspaces.com/radiokollasuyo/wp_files/2025/12/10/Oploca_3-2048x1038.jpg 2048w" sizes="auto, (max-width: 1024px) 100vw, 1024px" /></p>
<p>Pero una enfermedad lo postró en cama. Los días pasaron, la obra se detuvo, y el dinero adelantado se le fue en curarse. Cuando los contratantes regresaron para exigir resultados o la devolución del dinero, él solo pudo implorar más tiempo. Lo amenazaron con castigos y con expulsarlo del cristianismo al que recién pertenecía. Desesperado, arrastró una tristeza que lo consumía.</p>
<p>Hasta que una noche fría salió a ver los muros de la iglesia. Allí, bajo la sombra temblorosa de la luna, el viento sopló con un gemido extraño. Y apareció él.</p>
<p>—Estás perdido —le dijo el Diablo—. No cumplirás el contrato y pagarás caro.<br />
Pero puedo ayudarte… puedo terminar la iglesia por ti, a cambio de tu alma, la de tu esposa, tus hijos y todos los de esta comarca.</p>
<p>El joven, hundido en la desesperación, aceptó sin pensar. Y desde esa noche trabajaba como poseído. Dormía de día, salía de noche, y su familia apenas lo reconocía.</p>
<p>Una madrugada lo siguieron, sigilosos como sombras. Y lo vieron: él, junto al Señor de las Tinieblas, levantando muros con una rapidez antinatural. Al día siguiente contaron todo a los ancianos y al sacerdote. Decidieron ayudarlo. Lo bañaron con incienso, hierbas, salmueras y agua bendita; pero el plazo final estaba cerca, y el diablo no esperaba.</p>
<p>La última noche, el joven se arrodilló ante los cimientos y lloró pidiendo perdón a Dios. Entonces, el olor a azufre inundó el lugar: el Diablo había regresado.</p>
<p>—Hagas lo que hagas —tronó—, tu alma y la de los tuyos son mías. Terminaré la iglesia antes del amanecer.</p>
<p>Y se lanzó a construir con ferocidad. Terminó la primera torre, la nave principal, y ya estaba por levantar la segunda torre cuando descendió el arcángel San Miguel, enviado por Dios. La batalla entre ambos estremeció la noche: rayos, truenos, viento y fuego. Cuando parecía que el mal vencería, el día comenzó a clarear.</p>
<p>El gallo cantó.<br />
Los primeros rayos tocaron al Diablo.<br />
Y este, lanzando un grito de ira, se esfumó.</p>
<p>La torre quedó inconclusa.</p>
<p>Y antes de desaparecer, lanzó una maldición:</p>
<p>—Me han expulsado… pero tus hijos, aunque tengan riquezas, vivirán siempre pobres porque sus propios hijos les robarán lo suyo.</p>
<p>El joven entregó la iglesia a tiempo y desde entonces llevó una vida piadosa, ayudando a todo aquel que lo necesitara.</p>
<p>Doña Serafina suspiró hondo.</p>
<p>—Intentaron terminar la torre después —dijo—, pero no se pudo. Uno murió por un rayo y otro cayó desde arriba. Por eso quedó así… para siempre.</p>
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<p>Le pregunté su nombre.<br />
“Serafina Huayta Cuevas”, respondió.<br />
Y se alejó lentamente, como si se despidiera no solo de mí, sino también de su propio recuerdo.</p>
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<p>Más tarde, otras personas me contaron que debajo de la iglesia existe un tesoro antiguo, e incluso el cuerpo de un vizconde enterrado allí. Y que, pese a los robos —cuadros, objetos valiosos, piezas antiguas— la iglesia sigue erguida, firme, testigo de un pasado que aún respira entre sus piedras.</p>
<p>La torre inconclusa de Oploca permanece allí, apuntando al cielo como una pregunta sin respuesta.<br />
Como un recordatorio de que, entre nuestras montañas, la línea entre la historia y el mito no es una frontera… es un puente.</p>
<p>Y en ese puente, todavía caminan las voces de los que vinieron antes.</p>
<h6>Está historia fue reflejada por el canal internacional Telemundo y su programa “Al rojo vivo”que me hizo una entrevista.</h6>
<p><em><strong>Celso Durán Sánchez</strong></em></p>
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