Nuestra salud urinaria es un fiel reflejo de cómo está nuestra salud en general, así que siempre es buena idea estar pendientes de cualquier anomalía
A simple vista, puede parecer una pregunta banal. Sin embargo, es una pregunta común que tiene grandes implicaciones para la salud. Al fin y al cabo, la salud urinaria es un indicador clave de nuestra salud general, por lo que debemos estar atentos a cualquier anomalía o a cualquier cambio más o menos drástico en la frecuencia, en la producción de orina o en las características de la misma, porque podría ser motivo de consulta médica.
¿Cuántas veces son demasiadas?
Lo primero que debe quedar claro es que, aunque la mayoría de personas suele orinar entre 6 y 7 veces cada día, lo cierto es que no existe tal cosa como un número universalmente aceptado que se pueda calificar como “normal”. Existen diversos factores que pueden influir en la frecuencia urinaria y que pueden hacer que algunas personas orinen con mayor frecuencia que otras. Entre estos factores podemos enumerar, por ejemplo, los medicamentos, los suplementos alimenticios, los alimentos y bebidas que consumimos, ciertas condiciones médicas, la edad, el tamaño de la vejiga, el embarazo, el consumo de alcohol y cafeína, etc.
La manera de saber si existe algún problema es realizando un análisis de orinaDREAMSTIMEDreamstime
Todas estas variables pueden hacer que algunas personas orinen con más frecuencia de lo habitual, y eso no necesariamente indica la existencia de un problema. Sin embargo, los cambios drásticos en la frecuencia urinaria sí que pueden indicar una afección subyacente grave. Algunas de las posibles condiciones que podrían explicar esta alteración son:
- Infección del tracto urinario (ITU): Una afección común que se manifiesta con síntomas como micción frecuente, urgencia urinaria, sensación de ardor al orinar y dolor de espalda. Mayormente preponderante en mujeres, estas infecciones requieren tratamiento con antibióticos para prevenir complicaciones.
- Vejiga hiperactiva: Condición que resulta en micción frecuente y puede estar vinculada a una variedad de factores, incluyendo infecciones, obesidad, desequilibrios hormonales y daño a los nervios. Afortunadamente, la mayoría de los casos de vejiga hiperactiva se tratan con éxito.
- Cistitis intersticial: Conocida también como síndrome de vejiga dolorosa, es una afección crónica que, aunque no conlleva una infección, puede presentar síntomas similares a una ITU. Aunque la causa exacta es desconocida, a menudo se asocia con inflamación de la vejiga.
- Diabetes: Cuando no se diagnostica o se gestiona de manera efectiva, puede dar lugar a altos niveles de azúcar en la sangre, lo que a su vez puede afectar la frecuencia de la micción.
- Hipocalcemia o hipercalcemia: Las variaciones en los niveles de calcio, altos (hipercalcemia) o bajos (hipocalcemia), tienen un impacto directo en la función renal y pueden modificar la producción de orina.
- Anemia de células falciformes: Una forma genética de anemia que puede afectar los riñones y la concentración de orina, resultando en un aumento en la frecuencia de la micción.
- Problemas de próstata: Una próstata agrandada puede reducir la frecuencia urinaria. También pueden surgir dificultades a medida que la próstata se agranda e interrumpe el flujo de orina.
- Debilidad del suelo pélvico: Con la pérdida de fuerza en los músculos pélvicos, la frecuencia urinaria puede aumentar. Esto es común en mujeres después del parto. Fortalecer estos músculos a través de ejercicios específicos es crucial para prevenir este problema.
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Todas estas condiciones son preocupantes. Por ese motivo, es esencial que cualquier persona que detecte un cambio significativo en la frecuencia o la cantidad de su producción urinaria, incluso si estos cambios se encuentran dentro de lo habitual, se ponga en contacto con un profesional de la salud. Además, es vital estar atentos a otros síntomas adicionales que pueden acompañar a una frecuencia urinaria anormal, como dolor en la zona lumbar, orina turbia o descolorida, dificultad para orinar, pérdidas, fiebre, molestias en el tracto urinario, olor fuerte, etc. Todas estas anomalías son dignas de ser tenidas en cuenta y es necesario contactar con un profesional de la salud.
Fuente: LA RAZÓN