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¿Por qué quema el hielo?

Si tocamos el hielo durante mucho tiempo, acaba quemando. Para entender por qué, hay que fijarse en su efecto sobre las células de la piel

Si alguna vez te has puesto una bolsa de hielo para tratar una lesión y la has dejado actuar durante demasiado tiempo, quizá hayas notado que te acaba quemando la piel. Con el hielo seco (como el que se utiliza para conservar algunos medicamentos y vacunas durante el transporte) la sensación de quemazón puede ser instantánea. Pero el hielo, claro está, es frío. Entonces, ¿por qué nos quema la piel?

Lo primero que debemos tener en cuenta es que, cuanto más frío sea el hielo, más rápido sentiremos la sensación de calor. El hielo de un congelador doméstico puede estar a unos 18º C bajo cero, mientras que el hielo seco tiene una temperatura de -79º C. El hielo seco no es más que dióxido de carbono que, a muy baja temperatura y muy alta presión, se vuelve sólido. Pero no se derrite como el hielo habitual: en cuanto alcanza los -78º C a presión atmosférica, cambia de sólido a gas, sin pasar por el estado líquido. Este proceso se conoce como sublimación, y es la razón por la que el hielo seco desprende vapor cuando entra en contacto con el ambiente.

Hace un frío que quema

Si tocamos el hielo seco o nos dejamos la bolsa de hielo puesta durante demasiado tiempo, notaremos sensación de calor. Porque, efectivamente, el hielo quema. También la nieve, los vientos fuertes o, simplemente, la exposición al frío intenso pueden quemar. Pueden enrojecer la piel y causar picor o dolor, e incluso volverla negra y hacer que disminuya la sensibilidad durante unos días. Al retirar la fuente de frío, la piel se puede inflamar y pasar a ser gris o blanca. Si la quemadura es muy severa, se pueden formar ampollas hemorrágicas e incluso provocar gangrena. Cuando las lesiones son graves, pueden requerir hospitalización.

Pero, ¿por qué se producen estas lesiones? La clave está en la acción que ejerce el frío sobre las células de la piel. Cuando el hielo toca la piel, congela el agua que contienen sus células y provoca que se formen cristales. Estos cristales rompen las membranas que recubren a las células y, por tanto, provocan que las células mueran. Cuanto más frío esté el hielo, más rápido será este proceso. El efecto es muy parecido al de una quemadura, por eso la sensación que tenemos es similar.

Células dañadas

La diferencia entre una quemadura por hielo o por calor es la manera en la que las células se rompen. Cuando tocamos algo muy caliente, la membrana de las células de derrite y se abre, mientras que, en el caso del frío, la membrana se desgarra por la aparición de cristales. Sin embargo, en ambos casos, la sensación que sentimos en la piel se debe simplemente a que las células están dañadas.

Para tratar una quemadura por hielo, lo primero es retirar la fuente de frío. Después, el procedimiento más común es bañar la zona con agua templada. Pero el agua no debe estar muy caliente, ya que, si lo está, se podrían sumar los efectos de una quemadura por calor a los de la quemadura por hielo, empeorando la situación. Tampoco es buena idea tocar o frotar la zona. Si algún tejido se ha quedado pegado a la piel por congelación, es mejor descongelar la zona antes de retirarlo para no dañar la piel aún más.

Si la quemadura es más grave, se requerirá tratamiento hospitalario. Por eso es importante acudir al hospital si la piel se vuelve muy pálida, gris o negra y también si, al aplicar agua templada a la zona afectada, no se siente un cosquilleo. En el hospital, la prioridad será devolver la zona afectada a la temperatura corporal normal para minimizar la pérdida de tejido. También será necesario utilizar analgésicos para controlar el dolor. Dependiendo de dónde ocurra la quemadura, una férula podría ayudar a mantener la piel estirada y así reducir la hinchazón y evitar que se generen deformidades. En cuanto a las ampollas, las pequeñas no requieren tratamiento pero las grandes podrían necesitar cirugía.

Sin cicatriz

Aunque parezcan aparatosas, las quemaduras por hielo que solo penetran la capa más externa de la piel (la epidermis) no suelen provocar cicatrices. Solo si el daño afecta a la capa interna (la dermis) o a los tejidos más profundos se forman heridas más complejas que pueden dejar cicatriz.

Por eso es imprescindible utilizar guantes crioprotectores siempre que se manipule hielo seco. Además, a la hora de aplicar hielo a una lesión, para evitar quemaduras es importante no colocar el hielo directamente sobre la zona dañada. Se recomienda envolver el hielo en una bolsa o una toalla y, además, no mantenerlo sobre la lesión durante mucho tiempo seguido. Así se logra que la piel, aunque se enfríe y ayude a tratar la lesión, no alcance una temperatura lo suficientemente baja como para provocar quemaduras.

QUE NO TE LA CUELEN:

  • Las quemaduras no son el único peligro del hielo seco. Cuando el dióxido de carbono sólido sublima, se transforma en el mismo gas que exhalamos al respirar. Normalmente, el aire que respiramos contiene solo un 0,04 % de dióxido de carbono, pero, si el hielo seco está en un lugar confinado, la sublimación puede aumentar la concentración de dióxido de carbono en el aire. Si alcanza el 2 %, puede causar dificultad para respirar y convulsiones y, si llega al 10 % podría conducir a la muerte. Por eso es muy importante que se maneje el hielo seco siempre en lugares ventilados.

Fuente: LA RAZON 

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