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El miedo se apoderó de los mexicanos tras escuchar la alarma de terremoto

* Recordaron el mortífero movimiento telúrico del 19 de septiembre del 2017

Ciudad de México, El País

La expresión de incredulidad domina el rostro de la gente. Fernando Camarena había cumplido el simulacro y estaba de nuevo en su puesto de trabajo, en el piso 22 de un edificio de oficinas en el Paseo de la Reforma, cuando volvió a sonar la alarma. A la una y cinco minutos de la tarde se ha dado la alerta para avisar de un sismo de 7,7 grados, cuyo epicentro estaba a 63 kilómetros al sur de Coalcomán, en el Estado de Michoacán. Las réplicas se han podido sentir en el centro del país. Hasta el momento no se reportan daños en la capital, según ha informado la jefa de gobierno de Ciudad de México, Claudia Sheinbaum. Las autoridades han reportado un muerto en Manzanillo, en el Estado de Colima.

“Nunca te esperas que algo así pueda pasar el mismo día y a la misma hora”, exclama Camarena. Se refiere al sismo del 2017, que mató a 369 personas, justo el mismo día en el que se realizaba el simulacro que conmemoraba el terremoto de 1985, en el que se estima que fallecieron entre 3.000 y 20.000 personas. De ahí la mirada incrédula de alguna gente. En su trabajo, él y sus compañeros han vuelto a bajar manteniendo la calma lo máximo posible, entre las risas de la casualidad y los nervios de un sismo que hacía temblar el edificio.

En la Colonia Juárez, el edificio rojo que hace esquina entre las calle de Versalles y la calle de Atenas parece de reciente construcción, con una fachada pintada de un rojo brillante y limpio, reciente. Pero el sismo no perdona, y una enorme grieta surca toda su fachada lateral. De hecho, Protección Civil ha rodeado la construcción con una cinta amarilla en la que se lee “prohibido el paso”. El fuerte sonido de la alarma ha dado paso a un silencio sepulcral en el interior y los alrededores de este edificio.

Un limpiabotas que trabajaba enfrente habla de los trozos que vio caer de la fachada, que se esparcen por toda la acera. “Estaba nuevo, lo acababan de pintar”, cuenta el señor sentado en su banqueta mientras espera a los clientes. En la calle frente al edificio, un hombre asegura que los bomberos han entrado y desalojado el edificio. “Ya no hay nadie dentro”, asegura el joven. “Trabajo en la calle de al lado y vi como cayeron algunos cristales”, sentencia.

“No tengas miedo”, le decía un chico joven a su novia mientras la abrazaba con fuerza. Otro chico, Gabriel, sonríe nervioso cuando se le pregunta por la impresión que le ha causado el terremoto. Cuenta que estaban volviendo a su trabajo cuando han escuchado la alarma de nuevo. Se ha puesto muy nervioso. “No me lo podía creer, la gente estaba entre sorprendida y nerviosa y nos dábamos la vuelta y volvíamos a bajar. ¡Este día está maldito!”, exclamaba Gabriel.

Los bomberos han intervenido en varios puntos de la ciudad. En la Colonia Jardines del Sur, en Xochimilco, los bomberos han retirado un árbol de más de 30 metros de altura que se había derrumbado sobre la calzada. En el municipio de Huixquilucan, en el Estado de México, un punte presenta una grita vertical que ha hundido parte del mismo. La alcaldesa de esa localidad ha anunciado la clausura del puente hasta que pueda ser revisado por las Protección Civil.

Además, la Cámara de Diputados y el Pleno de la Suprema Corte han suspendido sus respectivas sesiones. El presidente de la Mesa Directiva, Santiago Creel, ha asegurado que la actividad será reanudada después de realizar la “revisión estructural del inmueble”.

En la calle, bajo las carpas, los sanitarios tomaban la tensión de aquellos a los que este temblor, que apenas se ha sentido más allá del cimbrear de las farolas y el balanceo de las lámparas, les recordaba otro mucho peor, el de 2017. Aquel 19 de septiembre, el temblor tras el simulacro dejó 369 muertos y una ciudad destruida, sobre todo en los barrios construidos sobre el antiguo lago: la Roma, Condesa, Centro y Doctores.

En la librería In Tlilli, en el barrio de Roma Norte, Rosa García ha vivido el terremoto de 1985 y el de 2017. Las estanterías de su librería de segunda mano están conectadas unas con otras con unos hierros oxidados, para evitar que los temblores tiren los libros al suelo. “Ha sido exactamente como en 2017, solo que aquel año la alerta no sonó”, cuenta García. Dice que ella ya está acostumbrada a los terremotos, pero a lo que no consigue acostumbrarse es a la sirena que alerta cuando viene uno nuevo. “¡No se acostumbra uno! Da mucho más miedo que el sismo en sí”, se queja. Todavía no se puede creer que los últimos dos sismos hayan ocurrido el mismo día del año, con unas horas de diferencia, y justo después de los simulacros.

—¿Cree que habría que cambiar la fecha?

—Pues a lo mejor sí, porque así no se puede vivir.

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